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27 de enero de 2012

El milagro del Whopper

Marga Fdez-Villaverde
Abraham y los tres ángeles y el sacrificio de Isaac (546-548), mosaicos de San Vital de Rávena

(*) Este post es continuación de otro que publicamos hace unas semanas titulado "El milagro del Big Mac".

Una tarde de mucho calor, Abraham estaba repantingado a la puerta de su tienda de campaña (era nómada, así que no tenía casa) cuando de repente vio llegar a tres ángeles. Como buen anfitrión que era, les sentó bajo la sombra de un árbol y encargó a su mujer Sara y a un criado que les preparasen un delicioso refrigerio a base de pan y ternera, porque los ángeles puede que no tengan sexo, pero estómago sí que tienen. La comida debió tardar lo suyo en llegar, ya que según la biblia Sara tuvo que amasar la harina para los panes y el criado matar, despellejar, despedazar y cocinar al ternero, pero esto es irrelevante porque de todos es sabido que los ángeles, además de estómago, también tienen mucha paciencia. El banquete les satisfizo bastante y premiaron a la pareja con un hijo (que no era poca cosa porque los dos pasaban ya de los cien años, unos ancianitos vigorosos).

En los mosaicos bizantinos de San Vital de Rávena, encontramos una representación tradicional de esta escena: los tres ángeles sentados a la mesa con sus respectivas hogazas y Abraham acercándoles una bandeja con una mini ternera asada.

Abraham y los tres ángeles (detalle) (546-548), mosaicos de San Vital de Rávena

Sin embargo, en este cuadro de Tiepolo del Museo del Prado, parece que Abraham no quiso hacerles esperar tanto, así que mandó a Sara al Burger King de la esquina y les ofreció el pan y la ternera en formato Whopper (véase la esquina inferior derecha del lienzo). Ya se sabe, la comida rápida siempre te saca de un apuro...

Giovanni Battista Tiepolo, Abraham y los tres ángeles (hacia 1770), Museo del Prado, Madrid


23 de enero de 2012

Los orígenes de la ecografía 3D

Marga Fdez-Villaverde
Taller de Konrad Wiltz, La Trinidad y la Visitación (1444), Gemäldgalerie, Berlín (detalle)

Las primeras en probar este gran avance tecnológico, incluso antes de que se inventara, fueron la virgen María y su prima Isabel. En algunas escenas del tema de la visitación, los artistas pintan sobre las barrigas de sus respectivas madres unos diminutos fetos flotantes con corona, que no son otros que Jesucristo y su primo segundo San Juan Bautista. Los fetos suelen mostrar signos de gran desarrollo, como podemos ver en este cuadro pintado por subalternos del taller de Konrad Witz, en el que Jesucristo se sienta con los brazos cruzados y San Juan se arrodilla rezando piadosamente ante él.

Aquí abajo tenéis el cuadro completo, mal titulado La Trinidad y la Visitación, ya que los artistas han pintado a Dios como Padre, Hijo y Espíritu Santo (paloma), o sea la Trinidad, y no contentos con eso, también como cordero y como feto... ahí es nada (haced clic en la imagen para verla más grande).

Taller de Konrad Wiltz, La Trinidad y la Visitación (1444), Gemäldgalerie, Berlín

¿Y por qué se pintan estos fetos? El motivo principal es la moda impuesta por la santa madre iglesia. No estaba bien que la virgen apareciese vestida con prendas ajustadas haciendo alarde de su divino embarazo, lo correcto era cubrirla con ropas amplias y un envolvente manto. Y claro, para el artista era una complicación conseguir que se notase que estaba embarazada con tanta tela. El recurso del feto ayudaba a aclarar qué tema se estaba representando.

Otros artistas más naturalistas acudían a gestos propios de embarazadas, como podemos ver en este cuadro de Roger van der Weyden, en el que las dos primas se echan mano a sus respectivas panzas. A Isabel la pintan siempre más vieja que a la virgen. Según los evangelios, ya se le había pasado el arroz cuando un ángel le dijo que estaba embarazada. Su marido Zacarías (que es el que aparece al fondo, frente a la puerta de la casa) no se lo creyó y el ángel le castigo dejándole mudo durante todo el embarazo de su señora, por listillo.

Roger van der Weyden, La visitación (1426-1430), Museum der Bildenden Künste, Leipzig

Sin duda, la mejor pose de embarazada la consigue Piero de la Francesca en su Madonna del Parto, demostrándonos que con un poco de maña no hace falta pintar fetos, por muy amplias que sean las túnicas.

Piero della Francesca, Madonna del Parto (1476-1483), Museo Civico, Arezzo

Pero, ¿a qué los fetos son mucho más divertidos?

Tapiz de la visitación (1410), Museo de Artes Aplicadas, Frankfurt
 

19 de enero de 2012

El club La bohème

Marga Fdez-Villaverde
Puccini cumpliendo condena (es broma)

No era un club precisamente selecto. Su centro de operaciones era una caseta destartalada de Torre del Lago. Allí se reunían el compositor Puccini y sus amigos para empinar el codo y darle al naipe. Se fundó en la época en que Puccini estaba componiendo la ópera que le da nombre (y de la que ya hablamos en este otro post). Puccini era el presidente y el reglamento del club era el siguiente (sin haberlo preparado me ha salido un pareado):
  1. Los socios del club "La bohéme", fieles intérpretes del espíritu de la fundación del club, juran beber bien y comer mejor.
  2. Los cascarrabias, débiles de estómago, pobres de espíritu, rezongones y demás desgraciados de este género, no están admitidos y los miembros del club procederán a echarlos furiosamente.
  3. El presidente cumplirá las funciones de árbitro y se encargará de obstaculizar la labor del tesorero destinada al cobro de las cuotas.
  4. El tesorero está facultado para huir llevándose la caja.
  5. El local estará iluminado con lámparas de petróleo. En caso de falta de combustible, se utilizarán los mocos de los socios. 
  6. Está completamente prohibido todo juego legal.
  7. Está prohibido el silencio.
  8. No se aceptará la prudencia ni siquiera en casos excepcionales.

 Reglamento extraído de la biografía "Puccini" de Peter Southwell-Sander, editorial Ma non troppo, 2002.

12 de enero de 2012

¡Hasta pronto Thomas!

Marga Fdez-Villaverde

Hoy toca ponerse serios... Ayer, Thomas Quasthoff, el mejor bajo-barítono que he escuchado nunca, anunció que se retiraba definitivamente de los escenarios por problemas de voz con tan solo 52 años. Thomas era insuperable cantando lieder, a los que conseguía dar una emoción difícil de explicar, convirtiéndolos en algo realmente sublime. Le echaremos mucho, mucho, mucho de menos.

Y para despedirnos del gran Thomas, qué mejor que disfrutar de su magnífica interpretación de Gute Nacht acompañado al piano por Daniel Barenboim. Es la primera canción del ciclo de lieder Winterreise (Viaje de invierno), compuesto por Franz Schubert a partir de unos poemas de Wilhelm Müller. Habla de un hombre que llega y se marcha de un pueblo donde se enamora de una joven. El ritmo imita el caminar de este viajero incansable que recorre diferentes lugares a lo largo del invierno. En este enlace tenéis el texto original en alemán y su traducción.


Pero como no nos gustan las despedidas tristes, escuchemos a Thomas Quasthoff cantando una divertidísima canción infantil americana: I bought me a cat de Aaron Copland, en el que imita los sonidos de los animales de la granja.

10 de enero de 2012

Los colgajos de Noé

Marga Fdez-Villaverde
La historia del arca de Noé es mundialmente conocida (véase el post anterior), pero la anécdota de sus colgajos no lo es tanto, a pesar de que también ha sido muy representada en el arte. El nombre técnico de este tema iconográfico es "La embriaguez de Noé", que suena algo mejor pero que sigue sin dejarle en muy buen lugar.

Según nos cuenta la biblia, después de desembarcar del arca con su familia y de cumplir gustosamente el mandato de Dios "procread y multiplicaos", Noé decidió dedicarse a la viticultura. Lógicamente, antes de comerciar conviene probar y el incauto ancianito, cata que te cata, se pilló una castaña de no te menees con su producción de tintorro.

Cuando Cam entró en la tienda y se encontró a su respetable padre durmiendo la mona en pelota picada, con todas las vergüenzas al aire, le entró la risa floja y corrió a avisar a sus hermanos Sem y Jafet. El caso es que éstos se negaron a mirar, quién sabe si por respeto o por evitar presenciar tan espeluznante espectáculo, y caminando de espaldas se acercaron a su padre y le taparon con un manto. Evidentemente, en cuanto Noé se despertó, les faltó tiempo para chivarse. El patriarca, enfurecido, con esa lógica aplastante de los personajes bíblicos, maldijo a Canán, el hijo de Cam, que no había tenido nada que ver en el asunto, a ser "el siervo de los siervos de sus hermanos".  ¿Entiende alguien el castigo? Yo no.

Veamos ahora algunos ejemplos artísticos de esta embriagadora anécdota. Una de las versiones mas conocidas es este relieve del Palazzo Ducale de Venecia atribuido a Nicolo Ranuerti. Los que hayáis ido a Venecia habéis pasado por delante fijo (está en la esquina desde la que se ve el Puente de los Suspiros). El artista aprovechó la esquina del edificio para representar a Noé en un lado, ligeramente escorado y dejando caer la taza de vino, y a dos de sus hijos en el otro (no le debían caber los tres), separándolos por medio de la vid.

Atribuido a Nicolo Ranuerti, La embriaguez de Noé (h. 1420), Palazzo Ducale, Venecia

En este cuadro de Giovanni Bellini, Noé ya no aparece tan digno. El hijo del medio es Cam, que le mira y se sonríe con sorna, y los de los lados son los que le tapan... aunque yo creo que el de la izquierda no se ha resistido a echar también una miradita. El autor nos da otras pistas para que reconozcamos el tema: la vid del fondo, el cuenco vacío y el racimo de uvas en el suelo (haced clic en cualquiera de las imágenes para verla más grande).

Giovanni Bellini, La embriaguez de Noé (h. 1515), Museo de Bellas Artes de Besançon

La versión que pintó Miguel Ángel en el techo de la Capilla Sixtina siempre me ha parecido un tanto extraña... ¿Por qué les parece tan raro que Noé esté desnudo cuando ellos también lo están?

Miguel Ángel, La embriaguez de Noé (1508-1512), Capilla Sixtina

Y acabamos con dos miniaturas medievales que no hacen ninguna concesión al pudor y dignidad de este patriarca bíblico. Realmente, sobran las palabras...

Speculum Humanae Salvationis (Colonia, 1450)

Bible Historiae de Petrus Comestus (Francia, 1372)


7 de enero de 2012

Astilleros Noé & Co.

Marga Fdez-Villaverde
Todos conocemos la historia de Noé, ese señor que ante la amenaza de un terrible tsunami construyó un barco gigante en el que metió a toda su familia y a dos animales de cada especie. Sin embargo, a pesar de todas las investigaciones realizadas, este relato sigue teniendo muchos agujeros negros: ¿cómo pudo hacerse Noé con todas las especies de animales, incluídos pingüinos y osos polares, en Israel? ¿Por qué no nos hizo el favor de dejar fuera a mosquitos y cucarachas? ¿Cómo se las apañó para que las bestias no se devorasen unas a otras?

En fin... dejemos estos misterios irresolubles para los eruditos y centrémonos en el arte. Veamos diferentes modelos de arcas pintadas por miniaturistas medievales que desafían las leyes más elementales de la física, la ingeniería naval y la lógica.

Empecemos con este arca de tres pisos, con ventanitas para que puedan asomarse humanos y animales. Según la historia, Noé viajó con su esposa, sus tres hijos y sus respectivas (cuatro hombres y cuatro mujeres). En la viñeta de arriba vemos trabajando a ocho hombres. Mediante una simple operación matemática, podemos deducir que cuatro de ellos perecieron ahogados en el diluvio después de haber construido el arca. Un detalle muy feo por parte de Noé, ¿no os parece? Aunque visto el aspecto amenazador que tiene con el hacha en la mano, cualquiera le llevaba la contraria.

Li livre des ansienes estoires, Francia (hacia 1285), British Library

Aquí tenemos dos arcas en forma de casa. En la primera sólo viaja Noé. Por lo que parece, a su familia no le ofrecía demasiada confianza una embarcación construida en ladrillo y prefirieron quedarse en tierra o construyeron un arca alternativa. La segunda es una especie de edificio flotante con elegante decoración gótica en oro, una especie de Titanic de la época. Para subirse a esta, ninguno puso reparos.

Miniatura del norte de Francia (hacia 1280), British Library

Les heures de Louis de Laval, Francia (1480)
Otro modelo de arca bastante popular en la Edad Media fue el formato nave espacial. Estas arcas eran mucho más compactas, seguras y aerodinámicas. Sin embargo, su reducido tamaño no permitía meter dos animales de cada especie, por lo que debieron aparearse unos con otros como buenamente pudieron, dando lugar a la variada fauna que conocemos hoy en día.

Les croniques de Burgues, Francia (anterior a 1407)
Bible Historiale de Guyart des Moulins, Francia (hacia 1411)

Y acabamos con esta sencilla barca a remo que me niego a incluir en la categoría de "arca". Me cuadra más  que sean Noé y su familia haciendo prácticas de navegación antes del diluvio o bien disfrutando del domingo en una barca del parque del Retiro.

Miniatura inglesa de fines del XIV, British Library

El milagro del Big Mac

Marga Fdez-Villaverde
Había una vez un santo llamado Antonio que decidió ir a visitar a un amigo, también santo, llamado Pablo. Pablo era un ermitaño, es decir un hombre muy de campo que vivía en una cueva y se alimentaba de lo que le ofrecía la madre naturaleza (una especie de naturista de la época). Antonio llegó hambriento de la larga caminata y Pablo le recibió con los brazos abiertos, pero sólo podía ofrecerle unas miserables bayas muy adecuadas para el estreñimiento ocasional. "No te preocupes Pablo", dijo Antonio, "recemos juntos, que Dios proveerá".

Y Dios proveyó, enviándoles a través de un cuervo mensajero un delicioso... ¡¡¡Big Mac!!!

Velázquez, San Antonio Abad y San Pablo ermitaño (hacia 1634), Museo del Prado, Madrid

Detalle del cuervo con el Big Mac

5 de enero de 2012

Ni magos, ni reyes, ni tres

Marga Fdez-Villaverde
¿Sabíais que los tres reyes magos no eran ni magos, ni reyes ni tres? En la biblia solo se habla de unos hombres sabios que llegaron a Belén desde oriente siguiendo una estrella y que allí se encontraron con el niño Jesús, al que le ofrecieron tres regalos: oro, incienso y mirra. Pero la tradición ha ido mejorando la historia poco a poco...

La representación pictórica más antigua de estos señores está en la catacumba Priscila de Roma y es del siglo III d.C. Aquí ya se había decidido que iban a ser tres, uno por cada regalo. La pintura está bastante deteriorada pero nos permite distinguir a tres seres humanos, uno blanco, uno rojo y otro azul, llevando algo en las manos. A la derecha está la virgen con el niño en brazos. Y si nos esforzamos un poco más, podemos incluso llegar a ver alguna cara de Bélmez (es coña).

La adoración de los magos (siglo III d.C), Catacumba Priscila, Roma

Varios siglos después, volvemos a encontrarnos con ellos en un mosaico de la basílica de San Apolinar Nuovo en Rávena. Para que nos quede claro que vienen de Oriente, les encasquetan un gorro frigio, que es esta especie de barretina de origen turco -posteriormente inmortalizada por Papá Pitufo- que se utilizaba desde el arte clasico griego para distinguir a los orientales de los occidentales. Además, para diferenciarlos entre sí, representan a uno joven, a uno madurito y a otro viejo (sin barba, con barba marrón y con barba blanca)... ¿os va sonando un poco? Los nombres aparecen escritos arriba, aunque no coinciden con los que utilizamos ahora; para nosotros, Baltasar es el más joven y Melchor el más viejo.

La adoración de los magos (siglo VI), San Apolinar Nouvo, Rávena

A principios del siglo XIV en Italia, Giotto di Bondone pintó esta deliciosa escena en las paredes de la Capilla Scrovegni de Padua. Aquí ya tenemos estrella, camellos (igualitos que los de playmobil) y coronas reales. Giotto fue uno de los iniciadores del arte renacentista, intentando dar volumen a las figuras y buscando la perspectiva. El azul de sus cielos, visto en directo, es algo que no se olvida (ninguna foto le hace justicia).

Giotto, La adoración de los magos (hacia 1305), Capilla Scrovegni, Padua

Y acabamos este viaje en el tiempo con una representación "clásica" de los tres reyes magos pintada por El Bosco. Los reyes magos ya son como los de ahora: uno negro, uno árabe y uno occidental, de más joven a más viejo respectivamente. La iglesia católica decidió que se debían pintar así por eso de la globalización del cristianismo, para que todos se sintieran representados.

El Bosco, La adoración de los magos (hacia 1495), Museo del Prado, Madrid

Es un cuadro lleno de símbolos. En la capa de Gaspar está bordada la visita de la reina de Saba a Salomón, una escena que en el arte religioso prefigura la adoración de los magos (les chiflaba hacer paralelismos entre el antiguo y el nuevo testamento). Y en el regalo de Melchor, que está en el suelo junto a su sombrero, aparece tallado el sacrificio de Isaac, que prefigura el martirio de Jesucristo. Interesante, ¿eh?



Pero lo mejor, sin duda, son los ingeniosos detalles de este divertidísimo pintor, como estos cotillas que se asoman por las rendijas y trepan hasta el techo de la tambaleante casa para ver bien la escena...


... un cazador que está siendo devorado por un animal salvaje, mientras su chica huye de un lobo y un jabalí hembra se pasea tranquilamente con sus hijitos y un cuervo subido en el lomo...


... o este extraño señor medio nudista, con sonrisa sarcástica y moreno agroman, que le ha robado la corona al pobre Gaspar.



3 de enero de 2012

Ríete tú de Tarantino

Marga Fdez-Villaverde
François Dubois, La matanza de San Bartolomé (1576-1584), Musée Cantonal de Beaux-Arts, Lausanne

Este delicioso cuadro, lleno de sutiles y delicados detalles, representa una de las escenas más terribles que se vivieron en el París del siglo XVI: la matanza de San Bartolomé, que tuvo lugar la noche del 23 al 24 de agosto de 1572.

Esta masacre fue el episodio más sangriento de las guerras de religión que enfrentaron durante años a católicos y hugonotes (protestantes) en Francia. La familia real francesa era católica de pura cepa. Para calmar un poco los ánimos de la población, el rey Carlos IX decidió casar a su hermana Margarita de Valois (la famosa reina Margot) con Enrique III de Navarra, líder de los hugonotes. La ciudad estaba plagadita de herejes borrachos que seguían de juerga celebrando los esponsales. ¿Qué mejor momento para pillarles desprevenidos? La reina madre, Catalina de Medicis, azuzó a su hijo y a otros nobles católicos para hacer una limpieza religiosa que acabó como el rosario de la aurora (nunca mejor dicho).

Años después, Enrique de Navarra, que estaba deseando acomodar sus reales posaderas en el trono francés, no tuvo demasiados reparos en pasarse al enemigo, convirtiéndose al catolicismo con aquella cínica frase de "París bien vale una misa". Esta fue la inauguración oficial de la dinastía de los Borbones en Francia... gente de sólidos principios que no se vendería por nada.

Los fans de Tarantino podéis hacer clic en la imagen para ampliarla y regodearos un poco con los detalles gores del cuadro (la dama de negro que aparece al fondo revisando una pila de cadáveres no es otra que Catalina de Medicis).

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