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30 de diciembre de 2011

Nochevieja desenfrenada

Marga Fdez-Villaverde




















Queridos lectores,

Si vuestra intención es desmadraros esta nochevieja, os recomiendo buscar inspiración en la opereta Die Fledermaus (El murciélago) de Johann Strauss II, estrenada allá por 1874. La fiesta del segundo acto es épica. No os podéis perder el brindis al "champán, dios de los vinos" (minuto 1:32:07) y la salvaje polka Unter donner und blitz/Bajo truenos y relámpagos (minuto 1:40:10), en la que se hacen patentes los estragos provocados por la ingesta de alcohol entre los invitados. La puesta en escena es divertidísima... una especie de Paquito el chocolatero a la vienesa.


Die Fledermaus  - Johann Strauss II Metropolitan de Nueva York, 31 diciembre 1986
Dirigida por Jeffrey Tate. Producción de Otto Schenk
Intérpretes: Kiri Te Kanawa (Rosalinde), Judith Blegen (Adele), Tatiana Troyanos (Orlofsky), Hakan Hagegard (Eisenstein), David Rendall (Alfred), Michael Devlin (Falke), Frank Mazura (Frank)

El que tenga tiempo y quiera, puede verla entera (es una buena forma de aprovechar la resaca del día 1). El argumento es algo lioso para explicarlo aquí, pero está bien resumido en la wikipedia. En este otro enlace, encontraréis el libreto. Y para los que prefieran ir al grano, estos son los mejores fragmentos (aparte del brindis y la polka, claro):
  • La famosísima obertura (desde el principio del vídeo hasta el minuto 8:25)
  • El trío de Rosalinde, su marido Eisenstein y Adele, la doncella (minuto 34:50; So muss allein ich bleiben/Entonces, debo quedarme sola, acto I)
  • El dúo de Rosalinde y su antiguo novio Alfred (minuto 40:50; Trinke, Liebchenm trinke schnell/Bebe cariño, bebe deprisa, acto I)
  • El aria del príncipe Orlofsky (minuto 1:02:05; Ich lade gern mir Gäste/Agasajo con gusto a mis invitados, acto II)
  • El aria de las risas de Adele (minuto 1:07:10; Mein Herr Marquis/Mi señor marqués, acto II)
  • Las czardas de Rosalinde, haciéndose pasar por condesa húngara (1:23:50, Klänge der Heimat/Sones de mi país, acto II)

¡¡¡FELIZ AÑO NUEVO!!!

23 de diciembre de 2011

¡Harte con Hache os desea Feliz Navidad!

Marga Fdez-Villaverde

Para celebrar estas fiestas, una escena operística que transcurre en Nochebuena y tiene hasta villancicos: el último acto de la ópera Werther de Jules Massenet.

Werther acaba de dispararse un tiro en el pecho al ser rechazado por enésima vez por su adorada Charlotte. Ella corre a su casa para acompañarle en sus estertores y darle por fin, la muy cabrita, el beso que él llevaba suplicándole media ópera. Como buena ópera romántica, no puede faltar el morbo. Las últimas palabras de Werther son instrucciones sobre cómo quiere ser enterrado, mientras suenan de fondo los alegres villancicos que cantan los hermanitos de Charlotte.

¿Poco apropiada para estas fechas? Puede ser, pero tiene villancico y así es Harte con Hache. Y además, es taaaan bonita y Jonas Kaufmann es taaaan mono y canta taaaan bien, que no deja de ser un regalo para los oídos y la vista. A disfrutarlo, señores.



Cantado por Jonas Kaufmann y Sophie Koch en la Ópera Nacional de París, 2010, dirigidos por Michel Plasson (DVD altamente recomendable)

22 de diciembre de 2011

Cómo ligarse a la vecina en Nochebuena

Marga Fdez-Villaverde


Protagonistas:
Rodolfo, escritor submileurista que vive en un piso compartido con tres amigos.
Mimí, la vecina de arriba, una chica con aspecto de mosquita muerta que se las sabe todas.

Antecedentes:
Los colegas de Rodolfo han salido de copas al Barrio Latino, donde le esperan para correrse una juerga. Él se ha quedado un rato para acabar un artículo. De repente, la vecina de arriba llama a la puerta pidiendo lumbre y sufre un vahído... ¿Cómo proceder?

Táctica de acercamiento:
Rodolfo le ofrece a la chica un vaso de vino para que recupere las fuerzas (en realidad, lo que quiere es emborracharla, pero no conviene ser demasiado directo). Las frases que masculla entre dientes denotan que el chico está algo necesitado de "emociones". Mimí deja caer disimuladamente la llave de su apartamento al suelo, hace como que se va y justo en la puerta se "percata" de que la ha "perdido". Le pide a Rodolfo que la busque. Rodolfo debe apañárselas para soplar todas las velas de la habitación sin que se note y echar la culpa a las corrientes de aire de la casa, ay qué malas son. Este truco barato es perfecto para propiciar un acercamiento aprovechando la oscuridad reinante. Los dos gatean por el suelo, cual felinos en celo, haciendo que buscan la llave. Después de hacer manitas un rato, Rodolfo tiene que currárselo un poco y contarle a Mimí quién es él y a qué dedica el tiempo libre.



Vídeo de llunatiq

¿En tu casa o en la mía? 

Mimí se presenta formalmente y le dice a Rodolfo que le encanta tomar el sol en la azotea. Rodolfo quiere llevársela al catre ipso facto aprovechando que el piso está vacío (a saber cuándo volverá a darse una oportunidad así). Ella dice que prefiere salir de copas un rato con él y sus amigos (no quiere que se note que ha bajado a lo que ha bajado). Rodolfo insiste a la desesperada diciendo que "fuera hace mucho frío" (esto lo dice en italiano, aunque viva en París). Mimí se sale con la suya prometiéndole que "estará bien pegadita a él" (el calor humano es el mejor calefactor). A Rodolfo no le queda otra que salir con la chica y presentársela a los buitres de sus amigos, con los riesgos que eso comporta. Al final, Rodolfo conseguirá su objetivo, aunque Puccini no nos deja claro si en su casa o en la de ella.


Vídeo de llunatiq

La Bohème - Giacomo Puccini
Rodolfo: Marcelo Álvarez
Mimí: Cristina Gallardo-Domas
Dirigida por Bruno Bartoletti
Producción de Franco Zefirelli
Teatro alla Scala de Milán (2003)

19 de diciembre de 2011

Vajilla Clásica Partenón, para cenas íntimas

Marga Fdez-Villaverde
Olvídese del champán, las ostras, la canela y demás alimentos afrodisiacos.
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15 de diciembre de 2011

El que siembra, recoge (Van Gogh y la parábola del sembrador)

Marga Fdez-Villaverde
Vincent Van Gogh estaba obsesionado con la parábola del sembrador y durante el año 1888, mientras vivía en Arlés, se devanó los sesos hasta conseguir representarla de forma satisfactoria. Todos sus intentos e ideas, más o menos peregrinas, están documentados en sus famosas cartas.

¿Y qué es lo que decía esta parábola para trastocarle tanto? Pues más o menos esto:
"He aquí, el sembrador salió a sembrar. Y mientras sembraba, parte de la semilla cayó junto al camino; y vinieron las aves y la comieron. Parte cayó en pedregales, donde no había mucha tierra; y brotó pronto, porque no tenía profundidad de tierra; pero salido el sol, se quemó; y porque no tenía raíz, se secó. Y parte cayó entre espinos; y los espinos crecieron, y la ahogaron. Pero parte cayó en buena tierra, y dio fruto, cuál a ciento, cuál a sesenta, y cuál a treinta por uno."
En esta época, Vincent ya no era tan religioso como en aquellos años en que los que quería ser pastor protestante. La parábola no tenía para él un sentido religioso. Simbolizaba sus aspiraciones artísticas: si insistía lo suficiente y se sobreponía a los fracasos, a la larga conseguiría ser reconocido como el gran pintor que era.

Por desgracia, uno de sus pintores favoritos, Jean-François Millet ya había pintado un heroico sembrador que Vincent consideraba perfecto. Millet era un pintor realista que representaba a los campesinos utilizando una paleta limitada de tonos pardos, el color de la tierra que trabajaban.

Jean-François Millet, El sembrador (1850), Museum of Fine Arts, Boston
¿Cómo podía Vincent hacer algo similar sin copiar a Millet? Pues expresando el mismo concepto a través de la simbología del color, como le explica a Theo en esta carta. En otras dos cartas que envía a sus amigos artistas John Peter Russell y Emile Bernard, incluye los primeros bocetos de su sembrador. La primera está en inglés y la segunda en francés (era un políglota este Vincent).
Carta de Van Gogh a John Peter Russell, 17 de junio de 1888
Carta de Van Gogh a Emile Bernard, 19 de junio de 1888

El resultado final fue éste de aquí abajo. A Vincent no le gustó nada de nada, lo consideraba un "fracaso" y nunca pasó de la categoría de "estudio". Realmente, si lo comparamos con el sembrador definitivo, tiene poca chicha. La composición es muy tradicional y los colores "apagados" para lo que solía hacer. Hay que decir a su favor que era la primera vez que pintaba sin tener el modelo delante de sus ojos, algo que le costaba un trabajo terrible.

Vincent Van Gogh, Sembrador a la puesta de sol (1888), Museo Kroller-Müller, Otterlo
Pero no desistió... el 21 de noviembre de ese mismo año le envió una carta a Theo con el boceto de un nuevo sembrador:

Carta de Van Gogh a su hermano Theo, 21 de noviembre de 1888
La composición de esta obra es mucho más moderna, con el sembrador en primer plano, en la esquina inferior izquierda, y un tronco de árbol retorcido que divide el lienzo en diagonal, al modo de las estampas japonesas. El sol que se está poniendo es a la vez el halo del sembrador, el artista santificado. Gauguin, que ya estaba viviendo con él, le había enseñado a pintar usando la imaginación. Buen profesor, ¿no os parece?

Vincent Van Gogh, El sembrador (1888), Museo Van Gogh, Ámsterdam

6 de diciembre de 2011

La muerte del cisne (no apto para diabéticos)

Marga Fdez-Villaverde
Anna Pavlova en La muerte del cisne

Aviso: Este artículo tiene un alto contenido en azúcar. Su lectura puede ser perjudicial para diabéticos y enemigos de lo cursi.

En 1905, la legendaria bailarina rusa Anna Pavlova le pidió al coreógrafo Mikhail Fokine que crease un solo para ella inspirado en un poema de Lord Tennyson titulado The Dying Swan. Fokine decidió utilizar como música una breve y cursilísima pieza de Camille Saint-Saëns perteneciente a la suite orquestal El carnaval de los animales. El cisne de Saint-Säens es un solo para violonchelo acompañado por dos pianos que pretende reflejar musicalmente el elegante movimiento de un cisne deslizándose grácilmente, con su esponjoso plumaje blanco, sobre la ondulada y cristalina superficie de un lago (puestos a ser cursis, vamos a recrearnos).

Traje diseñado por Léon Bakst para el cisne agonizante de Anna Pavlova, Museum of London

Anna Pavlova con su cisne Jack

La verdad es que la pieza luce más bailada que escuchada. Fokine revolucionó el ballet clásico con sus coreografías dando prioridad a la expresividad sobre la técnica, pero sin llegar a romper del todo con la tradición. De hecho, era tan rompedor que Diaghilev le fichó en 1909 para su compañía, donde pudo soltarse al fin la melena, libre del encorsetamiento del Ballet Imperial de San Petersburgo. Sus mejores coreografías las hizo para Diaghilev: Scheherazade, El pájaro de fuego (del que ya hablamos hace un mes y pico) y Petrushka.

La muerte del cisne es su primera coreografía importante y si la bailarina lo hace bien, puede llegar a parecer realmente un cisne, plumas incluidas (pico no, que afea mucho). Veamos a la primera cisne, Anna Pavlova, que bailó esta pieza cerca de 4.000 veces, en una filmación de 1925.


Vídeo de kaninchenrc

Seguimos con otra de las clásicas, Maya Plisetskaya, bailando La muerte del cisne con la friolera de 61 años. El aleteo de sus brazos es impresionante... sospecho que tiene más articulaciones que el resto de los mortales.


Vídeo de Ilee611838

Y rematamos con una de las mejores bailarinas de la actualidad, Uliana Lopatkina, a la que hemos tenido la suerte de ver en el Liceu hace unos días.


Vídeo de Ewaasia

Os deseo una feliz digestión de tanto merengue... Por cierto, ¿sabiáis que existe un postre de merengue llamado pavlova en honor de la famosa bailarina?

3 de diciembre de 2011

Intercambio de fotos: los autorretratos de Van Gogh, Gauguin y Bernard

Marga Fdez-Villaverde
Vincent Van GoghLa casa amarilla (1888), Museo Van Gogh, Ámsterdam
En 1888, a Vincent Van Gogh se le ocurrió la genial idea de montar una comunidad de artistas en Arlés. Esto permitiría a los pintores que quisieran participar en ella intercambiar conocimientos e ideas, trabajar en colaboración para enriquecerse mutuamente y vivir con todos los gastos pagados por el sableado hermano de Vincent, Theo Van Gogh, un marchante de París que además podía proporcionarles la publicidad que necesitaban para salir del anonimato artístico. En papel, sonaba estupendo (sobre todo lo de vivir de gorra) y Paul Gauguin y Émile Bernard se apuntaron sin dudarlo.

Antes del gran encuentro, Vincent les propuso un intercambio de retratos, una costumbre típica de los artistas japoneses a quienes los tres reverenciaban. El problema es que Gauguin y Bernard vivían en la Bretaña y Van Gogh en la Provenza, por lo que posar unos para otros no era factible, y además Bernard tampoco se atrevía a retratar el enorme ego de Gauguin. Al final, acordaron hacer un intercambio de autorretratos, algo bastante menos comprometido. Dos de estos tres autorretratos están hoy en el Museo Van Gogh de Ámsterdam y el tercero en Harvard.

El autorretrato de Gauguin, titulado Les Miserables, tiene mucho de literario. El pintor se retrata como Jean Valjean, el protagonista de la novela de Victor Hugo, un héroe marginado e incomprendido por la sociedad, que es como Gauguin se sentía en ese momento. El gesto y la mirada reflejan un carácter fuerte y decidido. Según el propio Gauguin, el papel pintado estilo japonés del fondo es el que podría encontrarse en el dormitorio de una joven pura y casta, y simbolizaría su virginidad artística (que no física, porque el señor tenía por aquel entonces cuarenta tacos y cinco hijos a sus espaldas). A la derecha, pegado en la pared, coloca un boceto sobre papel de su amigo Bernard.

Paul GauguinRetrato Les Miserables (1888), Museo Van Gogh, Ámsterdam
Émile Bernard, que en esa época trabajaba con Gauguin en la Provenza, utiliza el mismo esquema: se autorretrata a la izquierda y coloca un retrato abocetado de Gauguin en la pared del fondo. El estilo de Bernard es muy característico, con esas líneas negras intensas delimitando los contornos, mucho más moderno y vanguardista que el de sus compañeros. Gauguin, que era bastante copión, se apropió de esta forma de pintar de Bernard y pasó injustamente a la posteridad como su "inventor".

Émile BernardAutorretrato con retrato de Gauguin (1888), Museo Van Gogh, Ámsterdam
El autorretrato de Van Gogh es también literario, aunque esto lo sabemos únicamente por sus cartas. Según sus propias palabras, se quiso pintar como un monje budista, inspirándose en una novela que había leído hacía poco, Madame Chrysanthème de Pierre Loti (que inspiraría a su vez la ópera Madame Butterfly de Puccini). La mirada es intensa, pero el rostro no transmite emoción ninguna, es una cara de póquer total, aunque no importa porque logra darle la fuerza necesaria a través del color, algo típico de su pintura. En este caso, utiliza una combinación de colores bastante audaz, naranjas-marrones y verde claro, que parece que le dio bastantes quebraderos de cabeza.

Vincent Van GoghAutorretrato como bonzo (1888), Fogg Museum, Harvard
¿Y por qué se pinta como monje budista? Pues porque lo que pretendía es que los tres viviesen de forma casi monacal en la casa amarilla que había alquilado en Arlés, llevando una vida ascética dedicada únicamente al arte. Para Vincent, un tipo con serios desórdenes alimenticios, el ayuno no era un problema. Podía vivir durante semanas a base de mendrugos de pan y litros de café. El único lujo que se permitirían serían las excursiones nocturnas a los burdeles de la ciudad, una costumbre muy sana de la que no se podía prescindir bajo ningún concepto (no es broma, estaban convencidos de era necesario para la salud).

En cuanto Vincent les propuso este planazo, Bernard se escaqueó y decidió quedarse en la Bretaña, pero Gauguin, presionado por Theo, no tuvo más remedio que ir. La luna de miel artística duró dos meses escasos. En Arlés hacía mal tiempo y estar encerrado día tras día en esa diminuta casa amarilla, compartiendo estudio con un hombre terriblemente sucio y desordenado, y que tenía un carácter que podía pasar en cuestión de segundos del más terrible abatimiento a una excitación extrema, fue demasiado para Gauguin, que huyó espantado aquel famoso día de diciembre en que Vincent se cortó la oreja...

Para saber más de la vida en común de estos dos artistas, os recomiendo el magnífico libro The Yellow House de Martin Gayford

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