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15 de noviembre de 2011

Taparrabos ecológicos

Marga Fdez-Villaverde
En lo tocante al arte profano, los artistas no solían tener muchos remilgos a la hora de mostrar las vergüenzas de dioses y diosas. Al fin y al cabo, ya se sabe que los paganos de la antigüedad estaban muy sueltos. Sin embargo, representar a personajes sagrados en pelotas no era para nada recomendable, a no ser que al pintor no le importase asarse eternamente en las llamas del infierno y ya de paso dar explicaciones a la Santa Inquisición (que era casi peor).

Pero había casos en los que los protagonistas bíblicos de los cuadros tenían que estar desnudos sí o sí y había que echar mano del ingenio para taparles discretamente sus partes pudendas. El caso más típico es el de Adán y Eva. Antes de comerse la manzana, Adán y Eva vivían felices y contentos en porretas como buenos naturistas, sin necesidad ninguna de taparse (lo de la hoja de parra es postmanzana). ¿Cómo solucionar el problema?

Algunos lo conseguían colocando a los personajes sentados e improvisando un discreto cruce de piernas. Pero lo más habitual era acudir a la vegetación. Aunque sólo haya una ramita con hojas o una florecilla en todo el cuadro, Adán y Eva siempre estarán estratégicamente colocados detrás de ella, como quien no quiere la cosa. Por muy bueno que sea el artista, debemos reconocer que el recurso queda siempre algo forzado...

Alberto Durero, Adán y Eva (1507), Museo del Prado, Madrid

Hugo van der Goes, Adán y Eva (1470), Kunsthistorisches Museum, Viena

Jacopo Tintoretto, Adán y Eva (h.1550), Galleria dell'Accademia, Venecia

Jan Gossaert, Adán y Eva (1507-1508), Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid

Con los personajes profanos ya hemos dicho que no habia ese problema. Lo de taparles las partes nobles era totalmente opcional. Había artistas que preferían no dejar nada a la imaginación, como es el caso de este fresco de Giulio Romano en el Palazzo de Te de Mantua, que según el título, políticamente correcto, representa a Júpiter "seduciendo" a Olimpia.

Giulio Romano, Júpiter seduciendo a Olimpia (1526-1534), Palazzo de Te, Mantua

Pero también había artistas pudorosos que preferían idear originales taparrabos, como podemos ver en esta representación de Neptuno de Jan Gossaert. Como dios del mar, lo lógico es que se tape con una caracola ¿no? (a su compañera Anfítrite no le hace falta porque va bien depilada). Fijaos además que Neptuno ha tenido el detalle de pedirle a su estilista que le haga un peinado a juego con su escaso vestuario: unos elegantes rizos en forma de caracola.

Jan Gossaert, Neptuno y Anfítrite (1516), Gemäldgalerie, Berlín

Marga Fdez-Villaverde / Historia del arte - Gestión Cultural

Autora de los blogs Harte con Hache y El cuadro del día. Organizo visitas a museos y exposiciones en Madrid e imparto cursos online sobre arte.

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