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8 de noviembre de 2011

La primera Miss Universo

Marga Fdez-Villaverde
Auguste Renoir, El juicio de Paris, 1908-1910, Museo de Hiroshima

El juicio de Paris fue el primer concurso de belleza de la historia.

Todo empezó con el enfado de la diosa de la discordia, a la que no invitaron a una boda que se celebraba en el Olimpo. Muy molesta, decidió aguarles la fiesta dejando caer en medio del banquete una manzana de oro para la invitada más guapa. En seguida estuvo claro quienes serían las tres finalistas: Minerva, Juno y Venus. Júpiter prefirió no mojarse y dijo que no podía hacer de juez porque estaba casado con una de las participantes... y con lo celosa que era Juno, mejor no jugársela. Así que le pasó el marrón a otro.

Ordenó a su recadero particular, Mercurio, que llevase a las tres diosas al monte Ida, donde pastoreaba el joven Paris, hijo del rey de Troya. En esa época era habitual que los hijos de los reyes empezasen trabajando como pastores (¿para saber dirigir rebaños de borregos cuando subiesen al trono, quizás?) El caso es que al pobre chico le tocaba escoger. Tras examinar atentamente a las tres diosas, que intentaron tentarle con suculentas ofertas, decidió dejarse comprar por Venus, que le prometió a cambio el amor de la mortal más hermosa del mundo. Esta no fue otra que la famosa Elena de Troya; por eso se dice que el juicio de Paris es el origen de la guerra de Troya.

Luca Giordano, El juicio de Paris, 1681-1683, Museo Hermitage, San Petersburgo

La escena se ha representado miles de veces en la pintura. Uno de los ejemplos más famosos es este cuadro de Rubens que podéis ver aquí abajo (haced clic en la imagen para agrandarla). A la izquierda, aparecen Paris y Mercurio, con la manzana en la mano. En vez de ponerle a Mercurio el típico casco con alas, Rubens le ha encasquetado un sombrerito más a la moda. Las tres concursantes, más sanotas que las que se presentan a los concursos de hoy en día, están en pelota picada, para que Paris pueda juzgar bien todos sus encantos. Sin embargo, las tres tienen a su lado algo que nos permite distinguirlas: Minerva ha dejado en el suelo su indumentaria habitual, el yelmo y la coraza; Venus, para la que posó la esposa de Rubens, tiene a su hijo Cupido agarrado a la pierna; y Juno está acompañada de su animal favorito, el pavo real.

Pedro Pablo Rubens, El juicio de Paris, h. 1638, Museo del Prado, Madrid

Y ahora vamos a ponerle banda sonora a este cuadro. Se trata del aria "Au mont Ida" de la opereta La belle Hélène, compuesta por Jacques Offenbach, una divertida parodia del inicio de la guerra de Troya. En esta animada cancioncilla, Paris le cuenta al sacerdote Calchas toda la historia. Aquí la tenéis cantada por Roberto Alagna y más abajo, en vídeo, por Juan Diego Flórez:



Au mont Ida trois déesses
En el Monte Ida, tres diosas
se querellaient dans un bois:
discutían en un bosque:
«Quelle est, disaient ces princesses,
«¿Quién es, decían estas princesas,
la plus belle de nous trois?»
la más bella de las tres?»

Évohé! que ces déesses,
¡Ay! Estas diosas,
pour enjôler les garçons,
para engatusar a los muchachos,
Évohé! Que ces déesses,
¡Ay! Estas diosas,

ont de drôles de façons
tienen ideas muy raras

Dans ce bois passe un jeune homme,
Por el bosque pasaba un joven
un jeune homme frais et beau (c'est moi)
un joven fresco y guapo (soy yo)
Sa main tenait une pomme…
En su mano sostenía una manzana
vous voyez bien le tableau.
podéis imaginar la escena.
«Ah, hola, eh! le beau jeune homme,
«¡Ah, hola, eh! Bello muchacho
beau jeune home, arrêtez-vous,
bello muchacho, detente
et veuillez donner la pomme
y dígnate a darle la manzana
a la plus belle d'entre nous»
a la más bella de las tres»

Évohé! Que ces déesses, etc.

L’une dit: «j’ai ma réserve,
Una dijo: «yo cuento con mi discrección,
ma pudeur, ma chasteté.
mi pudor, mi castidad.
Donne le prix à Minerve:
Dale el premio a Minerva
Minerve l’a mérité»
Minerva se lo merece»


Évohé! Que ces déesses, etc.

L’autre dit : «J’ai ma naissance,
La otra dice: «Yo tengo mi estirpe
mon orgueil et mon paon.
mi orgullo y mi pavo real.
Je dois l’emporter, je pense:
Creo que debería de ganar:
donne la pomme à Junon!»
¡dale la manzana a Juno!»

Évohé! Que ces déesses, etc.

La troisième, ah! La troisième…
La tercera, ¡ah!, la tercera
La troisième ne dit rien.
La tercera no dijo nada
Elle eut le prix tout de même
Ella se llevó el premio
Calchas, vous m’entendez bien!
Ya me entiendes, Calchas

Évohé ! Que ces déesses,


Marga Fdez-Villaverde / Historia del arte - Gestión Cultural

Autora de los blogs Harte con Hache y El cuadro del día. Organizo visitas a museos y exposiciones en Madrid e imparto cursos online sobre arte.

1 comentarios:

  1. Estudiando mitología en mis clases de griego y latín, mi profesora decidió llevarnos al Museo del Prado para exponer unos cuadros. He de darte las gracias porque tus entradas me han ayudado para buscar una forma de "contar el royo" de forma más amena para mis compañeros :-)

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