17 de octubre de 2011

Caos en el teatro

El estreno del ballet La consagración de la primavera fue uno de los hitos del arte contemporáneo. A todos nos hubiese encantado estar en el Teatro de los Campos Elíseos de París ese 29 de mayo de 1913. Ese día se rompieron muchos moldes. La salvaje partitura del joven Igor Stravinsky le convirtió de golpe en el padre de la música contemporánea, con tan solo treinta años. El bailarín Vaslav Nijinski escandalizó al público con una coreografía violenta que se alejaba completamente de la elegancia del ballet clásico. Los decorados y el vestuario de Nicholas Roerich eran demasiado primitivos para el gusto del público.

La consagración de la primavera (1913)

Decorados, coreografía y partitura formaban un todo que se adecuaba a la perfección al argumento del ballet: los habitantes de la Rusia pagana invocan la llegada de la primavera, sacrificando para ello a una joven doncella.

Sergei Diaghilev e Igor Stravinsky

El público del teatro estaba dividido, la mitad aplaudía encantada y la otra mitad pataleaba y chillaba indignada. Los bailarines eran incapaces de escuchar a la orquesta y Nijinsky, entre bambalinas, les iba indicando a gritos los movimientos para que no se perdieran. Las discusiones entre admiradores y detractores degeneraron hasta el punto de que tuvo que intervenir la policía. Diaghilev, el genial empresario que había organizado el ballet, estaba encantado con la que se había montado. Había conseguido su objetivo: revolucionar el mundo de la cultura y que todo el mundo hablase de su compañía de baile.

Y para muestra, un botón. Aquí tenéis la reconstrucción del famoso ballet realizada por el Teatro Mariinsky de San Petersburgo, dirigida por Valery Gergiev el año 2008.


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