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7 de octubre de 2011

Adoremos todos a Hércules

Marga Fdez-Villaverde
Rubens, El nacimiento de la Vía Láctea (1636-1637), Museo del Prado, Madrid

Para acabar esta interesante serie láctica, con la que nos hemos entretenido estos últimos días, explicaremos el origen de la Vía Láctea... que si se llama "Láctea", por algo será.

Según la mitología clásica, el causante de que estemos todos por aquí, como habitantes de esta galaxia nuestra, no es otro que el famoso Hércules. Como algunos ya sabréis, Hércules era hijo de Júpiter y de una mortal llamada Alcmena. La hermana-esposa de Júpiter, la diosa Juno, era una mujer muy celosa y de temible mal genio. Y con razón, porque su señor marido le ponía los cuernos cada dos por tres. Su trabajo en el Olimpo, consistía en perseguir y atormentar a las amantes de su consorte.

Cuando nació, Hércules era un niño normal y corriente, pero su orgulloso padre quiso que fuese inmortal y que tuviese superpoderes. La mejor forma de conseguirlo era que se alimentase con la leche de Juno, muy rica en proteínas, lípidos y triglicéridos. Estaba claro que Juno no iba a dejarse... Así que el tramposo de Júpiter esperó a que se echase una siestecita y le ordenó a Mercurio que le colocase el bebé al pecho. El niño chupó con tantas ganas que la diosa se despertó sobresaltada y muy enfadada le apartó de un manotazo. De su "divino" pecho, salió disparado un enorme chorro de leche que formó la Vía Láctea. ¿No me digáis que no es mil veces más lógica esta explicación que la patraña del Big Bang?

Tintoretto, El nacimiento de la Vía Láctea (h. 1575), National Gallery, Londres

El cuadro más famoso sobre este tema lo pintó Tintoretto. En él aparecen todos los protagonistas: Juno en el centro de la composición, a la que podemos reconocer por su símbolo, los pavos reales; Júpiter representado por su símbolo, el águila, y su atributo, un manojo de rayos; y Mercurio, volando por los aires mientras sostiene al pequeño Hércules.

La obra de Rubens, que podéis ver arriba del todo, cuenta una versión diferente de la historia. En ella, Júpiter engaña a su mujer diciéndole que el niño es un pobre huerfanito hambriento y ella se presta voluntaria a darle de comer. En este caso, la fuerza con la que succiona el mamoncete hace que la leche se derrame formando una galaxia.

Marga Fdez-Villaverde / Historia del arte - Gestión Cultural

Autora de los blogs Harte con Hache y El cuadro del día. Organizo visitas a museos y exposiciones en Madrid e imparto cursos online sobre arte.

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