5 de junio de 2010

¡Mío!

- Ese es el mío.
- No rica, el tuyo no es este, es ese que está ahí tirado.
- Que no, que te digo que es el mío, mírale bien.
- Ya le estoy mirando y tiene claramente mis ojos.
- De eso nada monada, es igualito que mi marido.
- Qué va, si tu marido es un adefesio y este niño es una monada…
- Se acabó la tontería, dámelo de una vez.
- Ni lo sueñes, es mío.
- El tuyo es ese violáceo que hay en el suelo.
- No, el mío es este rosita.
- El tuyo es el morado, te digo.
- Que no.
- Que sí.
- Mira que voy a contárselo al rey…
- Eso, eso, vamos a ver que dice el rey.

- Ejem… señor, ahí afuera hay un par de locas peleándose por un bebé, dicen que quieren hablar con usted.
- Diles que pasen.
- Es que vienen también con un niño muerto, señor.
- Coño, cómo está el populacho, pásalas anda.

- A ver señoras, ¿qué pasa?
- Pues que a esta bruja se le ha muerto el niño y me quiere quitar el mío.
- De eso nada, el mío es el vivaracho. El suyo es ese que no se mueve.
- Sí claro… ¡cómo que no voy a saber yo quién es mi hijo!
- Pues será que no le reconoces por la mala pinta que tiene, pero el que llevas en brazos desde luego que es el mío.
- Mira rica, me estás empezando a hartar.
- Vamos a ver señoras, un poco de calma. Y dejen de de tirar del pobre crío que lo van a desmembrar. Me parece que lo mejor va a ser cortarlo por la mitad y un trozo para cada una.
- Eso, eso, si no es para mí para ti tampoco.
- ¡Uy no! Pobre criaturita… no lo corte, no, que se lo quede ella mejor.
- No señora, no lo iba a cortar, pero a esa otra se le ha visto el plumero. Coja a su hijo y lárguense ya… y por favor llévense al muertito también, no me lo dejen aquí tirado en la alfombra.

Era listo el rey Salomón… Veamos ahora algunos ejemplos pictóricos de este famoso juicio.

Rafael Sanzio, El juicio de Salomón (1509-1511), Stanza della Signatura, Vaticano

De Rafael está todo dicho. Sus frescos del Vaticano no desmerecen en nada a la Capilla Sixtina. De esta escena, nos quedamos con la madre buena arrodillada y ese medio perfil tan sugerente, y con la potente torsión de cintura del verdugo. Pensar que este desgraciado ya pintaba así con veintitantos años...

Nicolas Poussin, El juicio de Salomón (1649), Museo del Louvre, París

Durante el Barroco, convivieron en Roma dos corrientes artísticas: la sangrienta e histérica de Caravaggio y la clasicista y racional de Nicolas Poussin. Como buen francés, Poussin prefería las escenas claras y nítidas. Gestos muy teatrales que lo dicen todo, pero sin perder nunca la elegancia.

Valentin de Boulogne, El juicio de Salomón (h.1625), Museo del Louvre, París

Y aqui tenemos la otra vertiente, la del barroco tenebrista y salvaje. Valentin de Boulogne era francés, pero trabajaba en Roma. En su primera época, estuvo muy influido por su compatriota Poussin, pero luego se pasó al "lado oscuro" de Caravaggio. La escena es negra y trágica, pero las figuras no llegan a perder del todo la elegancia clasicista.

Giovanni Battista Tiepolo, El juicio de Salomón (1726-1729), Palazzo Patriarcale, Udine

Tengo que confesar que Tiepolo era un artista que no me decía gran cosa, hasta que vi sus frescos de la Villa Valmarana, en Vicenza, y me hice fan incondicional. Las fotos nunca le hacen justicia. El juego de perspectivas de este fresco del Palacio Patriarcal de Udine es de quitar el hipo.

William Blake, El juicio de Salomón (1799-1800), Fitzwilliam Museum, Cambridge

¿Y qué me decís de esta versión pintada por el visionario William Blake? Sus ancianitos de largas barbas vestidos con túnicas son inconfundibles. El rey Salomón bien colorido, para que se note quién manda.

Gustave Doré, El juicio de Salomón (Biblia ilustrada por el artista, 1865)

Gustave Doré fue un famoso ilustrador francés del XIX. Puso imágenes a muchas obras de la literatura, pero probablemente, su trabajo más famoso sea la Biblia, a la que pertenece este grabado. Me gusta el contraste entre las dos mujeres, una tan digna como una estatua griega y la otra tirada en el suelo perdiendo los papeles.

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