24 de marzo de 2009

¿Victor o Victoria?

Janet-Lange, Acto II de Fidelio (1860), Biblioteca Nacional de Francia, París

En la ópera Fidelio, la única que compuso Beethoven, los pantalones los lleva la protagonista Leonore. Y los lleva literalmente, porque se ha disfrazado de hombre y ha conseguido trabajo en la prisión estatal de Sevilla, para intentar rescatar a su marido Florestán, encarcelado injustamente por su enemigo político y gobernador de la prisión, Don Pizarro.

Leonore es una mujer de pelo en pecho que se hace llamar Fidelio. La hija del carcelero se ha enamorado de él (o de ella) y está más que dispuesta a pasar por la vicaría, con la aprobación de su padre, que está encantado con el chico (o chica) que ha escogido su niña. La cosa habría acabado en un matrimonio gay en toda regla si no llega a ser porque el malo malísimo, Don Pizarro, decide matar a Florestán. Leonore se entera y en el último minuto se interpone entre Don Pizarro y Florestán, saca una pistola y desvelando su identidad, salva a su marido.

Aunque el argumento cojea bastante, la obra es una maravilla. En el mundo de la ópera es bastante frecuente que los personajes se disfracen y nadie les reconozca, ni siquiera sus más allegados. En esta prisión, nadie parece darse cuenta de que Fidelio es una soprano, y no un tenor, pero bueno, con esta música tampoco es plan de ponerse quisquillosos.

Uno de mis fragmentos favoritos es el aria de Florestán, al inicio del segundo acto. La angustia, la desesperación y la resignación que transmite la música es impresionante. Sobre todo ese Gott! Welch Dunkel hier! (¡Dios!¡Qué oscuridad!) con el que arranca la pieza. Os la dejo cantada por Jonas Kaufmann.


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