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11 de enero de 2009

De quita y pon

Marga Fdez-Villaverde
Marino Marini, El ángel de la ciudad (1948), Museo Peggy Guggenheim, Venecia

La gran ilusión de Peggy Guggenheim fue crear un museo de arte contemporáneo en el que poder exponer su magnífica colección. Lo intentó en Londres y en Nueva York, pero al final se decidió por Venecia, donde compró un precioso palazzo a orillas del Gran Canal. Allí vivió los últimos años de su vida, dejando que la gente visitase su maravillosa casa museo.

En la terraza que da al Gran Canal coloco una provocadora escultura de Marino Marini: un jinete montado a caballo, con los brazos extendidos, señalando descaradamente al canal (y no precisamente con el dedo). El autor hizo fundir el elemento apuntador por separado, para poder enroscarlo y desenroscarlo cuando fuese necesario.

Los días de fiesta en los que las monjas salían en lancha por el Gran Canal, o cuando recibía en casa visitas especialmente conservadoras, Peggy desenroscaba el pito y lo guardaba en un cajón. Como ella misma cuenta en sus memorias, por Venecia corría el rumor de que tenía aparatos de diferentes tamaños que iba alternando a placer.


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