26 de octubre de 2008

Un cuadro y un aria: Orfeo y Eurídice

Orfeo era un poeta legendario, capaz de amansar a las fieras y de suavizar el carácter de los hombres más amargados con su canto, que se casó con Eurídice, una guapísima ninfa de los bosques (en la mitología todos los buenos son guapos, como en las películas de Hollywood). Un día que Orfeo había salido al campo a darle a la lira, la pobre Eurídice se vio acosada por un pretendiente que no estaba dispuesto a admitir un “no” por respuesta. A la chica no le quedó más remedio que echar a correr, con tan mala suerte que pisó una serpiente, la serpiente le mordió y ella se murió.

El inconsolable Orfeo no se resignaba a quedarse viudo tan joven, así que decidió bajar al infierno a buscarla. Su canto era tan triste que conmovió a los dioses del Hades, Plutón y Proserpina, que le permitieron marcharse con su esposa a condición de que fuese caminando por delante de ella y no se girase a mirarla hasta salir del Hades. ¿No parece difícil, verdad? Pues justo cuando estaban a punto de llegar, el muy cretino se da la vuelta, la mira y Eurídice desaparece para siempre (en la mitología todos los buenos son guapos, pero no necesariamente listos).

El cuadro: Orfeo y Eurídice de Peter Paul Rubens

Peter Paul Rubens, Orfeo y Eurídice (1636-1638), Museo del Prado, Madrid

A la derecha Plutón y Proserpina, vestidos de oscuro, como corresponde a los dioses del Hades, con el perrito Cerbero, su mascota mutante de tres cabezas, a sus pies. Orfeo, con su corona de laurel y su lira a cuestas, se lleva a una Eurídice nudista, sujetándole con cara de circunstancia el pañito para que no enseñe más de la cuenta.

El aria: Che farò senza Euridice? de la ópera Orfeo ed Euridice de Gluck

El mito de Orfeo es uno de los temas más explotados en la ópera (un poeta que va por ahí cantando sus penas da bastante juego). Una de las versiones más conocidas es la que compuso Gluck, estrenada en Viena en 1762. El papel principal era para un castrato, pero hoy lo suelen cantar contratenores o mezzosopranos. Esta es el aria que canta el desconsolado Orfeo cuando pierde a Eurídice por segunda vez, al salir del Hades. A diferencia del mito clásico, la ópera de Gluck tiene un final feliz y acaban por devolverle a su esposa. Canta Janet Baker:



Che farò senza Euridice?
¿Qué haré sin Eurídice?
Dove andrò senza il mio ben?
¿Dónde iré sin mi amor?
Che farò? Dove andrò?
¿Qué haré? ¿Dónde iré?
Che farò senza il mio ben?
¿Qué haré sin mi amor?
Dove andrò senza il mio ben?
¿Dónde iré sin mi amor?
Euridice!... Euridice!
¡Eurídice! ¡Eurídice!
Oh Dio! Rispondi! Rispondi!
¡Oh Dios! ¡Responde! ¡Responde!
lo son pure il tuo fedele.
Pues yo soy tu fiel esposo.
Che farò senza Euridice? ecc.
¿Qué haré sin Eurídice? etc.
Euridice... Euridice!
¡Eurídice! ¡Eurídice!
Ah! non m'avanza
¡Ah! ¡No recibo
Più soccorso, più speranza,
ni socorro ni esperanza
Né dal mondo, né dal ciel!
de la tierra ni del cielo!
Che farò senza Euridice? ecc.
¿Qué haré sin Eurídice? etc.

14 de octubre de 2008

Trato hecho

El otro día nos topamos con este cuadro en la National Gallery de Londres y aunque la calidad de la imagen deja mucho que desear, me gustaría explicaros brevemente la historia que cuenta.

Allá por la Edad Media, un temible lobo tenía aterrorizada a la pequeña ciudad de Gubbio. Cada dos por tres le daba por comerse a alguno de sus habitantes y nadie se atrevía a salir de las murallas. San Francisco de Asís, que estaba pasando unos días por allí, decidió solucionar el problema. Salió en busca del lobo y con un par de huevos bien puestos le espetó "lobo, no está nada bien que te comas a la gente, eso es propio de asesinos y malnacidos. Hemos decidido hacer las paces contigo, los gubbianos están dispuestos a alimentarte durante toda tu vida a condición que no te comas a ninguno más." Al lobo, lógicamente, le pareció buen trato y le dió la pata a San Francisco en señal de aceptación.

En este cuadro de Sassetta, pintado entre 1437 y 1444, a medio camino entre el renacimiento y el gótico, podemos ver el reguero de huesos y miembros amputados que ha dejado el lobo a lo largo del camino. Los habitantes de Gubbio contemplan la escena, el lobo y San Francisco se estrechan la mano-pata y el notario levanta acta del acuerdo. Deliciosamente ingenuo ¿verdad?

Sassetta, El lobo de Gubbio (1437-1444), National Gallery, Londres

Sassetta, El lobo de Gubbio (detalle). Clic en la imagen para agrandarla.