2 de diciembre de 2008

El Radamés "mejor" vestido

Estos son los nominados:

El look "no me muevo porque con todo esto no puedo" de Pavarotti, con una favorecedora cinta dorada en la frente (La Scala, 1986)

vídeo de IlgruppoDiDocci Los practiquísimos pantys en los brazos para no pasar frío de Carlo Bergonzi (Arena de Verona, 1966) vídeo de Weiche Wotan El disfraz "Walk Like an Egyptian" del todo a cien de Franco Corelli (videoclip de 1982, audio de los 60) vídeo de tehen162 La minifalda azul eléctrico y el elegante recogido de Plácido Domingo (Gran Ópera de Houston, 1987) vídeo de Onegin65 Las hombreras verde primavera de James McCracken (Met, 1985) vídeo de Onegin65 (*) Aclaración: Radamés es el protagonista de la ópera Aida, de Giuseppe Verdi, ambientada en el antiguo Egipto, aunque a veces cueste creerlo.

3 de noviembre de 2008

Superando tropiezos

En esta escena, el payaso Canio está cabreadísimo. Sabe que su mujer se va a fugar con su amante esa misma noche. En un arrebato de furia, es incapaz de continuar con la función y empieza a echarle la bronca en escena a su señora, delante de todo el público. Ella trata de disimular y sigue interpretando la obra, negándose a confesarle quién es su amante. El público está encantado, aplaudiendo el realismo de la obra que, evidentemente, acaba como el rosario de la aurora.
El que quiera, puede ver la escena completa (merece la pena, a pesar de la mala calidad del vídeo). El que ande mal de tiempo, puede saltar al minuto 4:00 para ver cómo reacciona un buen profesional ante un "tropiezo"
Ruggero Leoncavallo, Pagliacci - Versión interpretada por Plácido Domingo y Teresa Stratas en el Metropolitan de Nueva York (1978)
video de Gabba02

26 de octubre de 2008

Un cuadro y un aria: Orfeo y Eurídice

Orfeo era un poeta legendario, capaz de amansar a las fieras y de suavizar el carácter de los hombres más amargados con su canto, que se casó con Eurídice, una guapísima ninfa de los bosques (en la mitología todos los buenos son guapos, como en las películas de Hollywood). Un día que Orfeo había salido al campo a darle a la lira, la pobre Eurídice se vio acosada por un pretendiente que no estaba dispuesto a admitir un “no” por respuesta. A la chica no le quedó más remedio que echar a correr, con tan mala suerte que pisó una serpiente, la serpiente le mordió y ella se murió.

El inconsolable Orfeo no se resignaba a quedarse viudo tan joven, así que decidió bajar al infierno a buscarla. Su canto era tan triste que conmovió a los dioses del Hades, Plutón y Proserpina, que le permitieron marcharse con su esposa a condición de que fuese caminando por delante de ella y no se girase a mirarla hasta salir del Hades. ¿No parece difícil, verdad? Pues justo cuando estaban a punto de llegar, el muy cretino se da la vuelta, la mira y Eurídice desaparece para siempre (en la mitología todos los buenos son guapos, pero no necesariamente listos).

El cuadro: Orfeo y Eurídice de Peter Paul Rubens

Peter Paul Rubens, Orfeo y Eurídice (1636-1638), Museo del Prado, Madrid

A la derecha Plutón y Proserpina, vestidos de oscuro, como corresponde a los dioses del Hades, con el perrito Cerbero, su mascota mutante de tres cabezas, a sus pies. Orfeo, con su corona de laurel y su lira a cuestas, se lleva a una Eurídice nudista, sujetándole con cara de circunstancia el pañito para que no enseñe más de la cuenta.

El aria: Che farò senza Euridice? de la ópera Orfeo ed Euridice de Gluck

El mito de Orfeo es uno de los temas más explotados en la ópera (un poeta que va por ahí cantando sus penas da bastante juego). Una de las versiones más conocidas es la que compuso Gluck, estrenada en Viena en 1762. El papel principal era para un castrato, pero hoy lo suelen cantar contratenores o mezzosopranos. Esta es el aria que canta el desconsolado Orfeo cuando pierde a Eurídice por segunda vez, al salir del Hades. A diferencia del mito clásico, la ópera de Gluck tiene un final feliz y acaban por devolverle a su esposa. Canta Janet Baker:



Che farò senza Euridice?
¿Qué haré sin Eurídice?
Dove andrò senza il mio ben?
¿Dónde iré sin mi amor?
Che farò? Dove andrò?
¿Qué haré? ¿Dónde iré?
Che farò senza il mio ben?
¿Qué haré sin mi amor?
Dove andrò senza il mio ben?
¿Dónde iré sin mi amor?
Euridice!... Euridice!
¡Eurídice! ¡Eurídice!
Oh Dio! Rispondi! Rispondi!
¡Oh Dios! ¡Responde! ¡Responde!
lo son pure il tuo fedele.
Pues yo soy tu fiel esposo.
Che farò senza Euridice? ecc.
¿Qué haré sin Eurídice? etc.
Euridice... Euridice!
¡Eurídice! ¡Eurídice!
Ah! non m'avanza
¡Ah! ¡No recibo
Più soccorso, più speranza,
ni socorro ni esperanza
Né dal mondo, né dal ciel!
de la tierra ni del cielo!
Che farò senza Euridice? ecc.
¿Qué haré sin Eurídice? etc.

14 de octubre de 2008

Trato hecho

El otro día nos topamos con este cuadro en la National Gallery de Londres y aunque la calidad de la imagen deja mucho que desear, me gustaría explicaros brevemente la historia que cuenta.

Allá por la Edad Media, un temible lobo tenía aterrorizada a la pequeña ciudad de Gubbio. Cada dos por tres le daba por comerse a alguno de sus habitantes y nadie se atrevía a salir de las murallas. San Francisco de Asís, que estaba pasando unos días por allí, decidió solucionar el problema. Salió en busca del lobo y con un par de huevos bien puestos le espetó "lobo, no está nada bien que te comas a la gente, eso es propio de asesinos y malnacidos. Hemos decidido hacer las paces contigo, los gubbianos están dispuestos a alimentarte durante toda tu vida a condición que no te comas a ninguno más." Al lobo, lógicamente, le pareció buen trato y le dió la pata a San Francisco en señal de aceptación.

En este cuadro de Sassetta, pintado entre 1437 y 1444, a medio camino entre el renacimiento y el gótico, podemos ver el reguero de huesos y miembros amputados que ha dejado el lobo a lo largo del camino. Los habitantes de Gubbio contemplan la escena, el lobo y San Francisco se estrechan la mano-pata y el notario levanta acta del acuerdo. Deliciosamente ingenuo ¿verdad?

Sassetta, El lobo de Gubbio (1437-1444), National Gallery, Londres

Sassetta, El lobo de Gubbio (detalle). Clic en la imagen para agrandarla.


17 de septiembre de 2008

Y Joanna creó el mundo (El origen del mundo de Courbet)

“Mientras retiraba el velo, se quedó estupefacto al descubrir una mujer de tamaño natural, vista de cara, extraordinariamente emocionada y convulsa, definida intensamente, reproducida “con amore”, como dicen los italianos, y dando la última expresión del realismo. Sin embargo, por un descuido inconcebible, el autor que había copiado el modelo al natural había olvidado representar los pies, las piernas, los muslos, el vientre, las caderas, el pecho, las manos, los brazos, los hombros, el cuello y la cabeza.”  Maxime Du Camp, Les convulsions de Paris, 1878

Esta es la irónica descripción que hizo el escritor francés Maxime Du Camp de un cuadro que había visto en casa de un rico musulmán, oculto tras una tela verde. La obra en cuestión era L'origin du monde (El origen del mundo) de Gustave Courbet. El título no puede ser más descriptivo y sugerente.

Courbet - El origen del mundo
Gustave Courbet, L'origine du monde (1866), Museo d'Orsay, París

Courbet, uno de los máximos representantes del realismo en Francia, pintó este cuadro en 1866. Se cree que fue un encargo que le hizo el diplomático turco Khalil-Bey para su colección privada de arte erótico, de la que también formaban parte El baño turco de Ingres y El sueño de Courbet. Tras pasar por varias manos, la obra llegó finalmente al Museo d'Orsay en 1995.

Se ha especulado mucho acerca de quién pudo ser la mujer que posó para la obra. La teoría más extendida es que se trata de la pelirroja Joanna Hiffernan, una joven irlandesa, amante del pintor norteamericano James McNeill Whistler, que era discípulo y amigo de Courbet. Joanna había posado para algunas obras de Courbet en aquella época y según parece, poco después de que pintase El origen del mundo, la amistad de ambos artistas se rompió bruscamente y Whistler regresó a los Estados Unidos. (Cosa harto comprensible, porque una cosa es pintar retratos de la novia de tu amigo, pero vender sus intimidades a un tercero quizás sea abusar un poco.) Entonces, ¿Joanna era pelirroja de bote? Pues no. Se cree que Courbet prefirió pintar el vello púbico de la chica en un tono mas “corriente”, para darle mayor realismo a la obra e impactar con más fuerza en el espectador. Teniendo en cuenta que hoy en día sigue siendo un cuadro bastante turbador, imaginemos lo que debió ser en el siglo XIX, cuando los pintores todavía tenían que recurrir a temas mitológicos para legitimar los desnudos.

Para acabar, os dejo con un par de retratos de la pelirroja Jo: Sinfonía en blanco nº2 de Whistler (que como puede verse estaba enamoradísimo de ella) y La bella irlandesa de Courbet (maestro del realismo, ejem).

James McNeill Whistler, Symphony in White, No.2 (1864), Tate Britain, Londres

Gustave Courbet, La bella irlandesa (1865), Metropolitan Museum, Nueva York

En mi otro blog, El cuadro del día, podéis encontrar comentadas algunas de las obras relacionadas con esta historia:
Gustave Courbet, Le sommeil
Gustave Courbet, Jo, la bella irlandesa
James McNeill Wistler, Sinfonía en blanco nº1

5 de septiembre de 2008

Un, dos... probando

Empezamos la andadura... con este blog sobre arte, música, ópera o lo que se tercie. En él publicaremos anécdotas divertidas, curiosidades y cualquier otra cosa que se nos ocurra.

Bienvenidos