1 de septiembre de 2014

Richard Dadd, el amigo de Osiris

Henry Hering, Richard Dadd pintando Contradicción: Oberón y Titania (h.1865)
Henry Hering, Richard Dadd pintando Contradicción: Oberón y Titania (h.1865)

Este señor de mirada alucinada es Richard Dadd (1817-1886), un pintor británico de la época victoriana que por desgracia, no es demasiado conocido por estos lares. Era el cuarto hijo de un boticario de Chatham, un pueblecito del condado de Kent. Desde niño había tenido buena mano para el dibujo y a los veinte años se fue a Londres a estudiar arte. Rápidamente se convirtió en uno de los alumnos más prometedores de la Royal Academy of Arts y encandiló a todos con su buen humor, generosidad y simpatía. Hasta aquí, todo estupendo.

En julio de 1842, Sir Thomas Phillips, un coleccionista ricachón de la época, decidió hacer el Grand Tour por Europa y Oriente Medio y contrató a Richard Dadd como dibujante, para que le pintase souvenirs de los sitios que visitasen (lo de las postales aún no se había inventado). Phillips y Dadd recorrieron juntos Bélgica, Alemania, Suiza, Italia, Grecia, Turquía, Palestina y Egipto. Todo iba a pedir de boca hasta que de repente, durante una ruta por el Nilo, Dadd empezó a charlar con el dios Osiris y a ponerse bastante violento. Su jefe lo atribuyó a una insolación y sin darle mayor importancia al tema, continuaron el viaje. Regresaron a Italia y pasaron por el Vaticano para ver al Papa en una de sus apariciones públicas. En cuanto Dadd vislumbró al pontífice, sintió un impulso irresistible de atacarle, que logró reprimir con gran esfuerzo. Esta vez, Phillips se dio cuenta de que su dibujante había perdido definitivamente la chaveta y cuando llegaron a París, en la primavera de 1843, le envió de vuelta a Inglaterra.

Richard Dadd, Sir Thomas Phillips vestido a la turca (1842-1843), Bethlem Royal Hospital Museum, Londres
Richard Dadd, Sir Thomas Phillips vestido a la turca (1842-1843), Bethlem Royal Hospital Museum, Londres

Tras un concienzudo examen médico, el doctor aconsejó a la familia que encerrasen a Richard en un manicomio, pero no le hicieron caso. Uno de los hermanos de Dadd también estaba un poco tocado y el padre no estaba dispuesto a admitir que dos de sus seis hijos le hubiesen salido defectuosos (las enfermedades mentales eran una tara en esa época).

El 28 de agosto de ese mismo año, Richard le pidió a su padre que le acompañase de excursión a Cobham (Kent), para poder hablar largo y tendido de sus problemas. Después de cenar juntos en la posada, fueron a dar un paseo por el parque y aprovechando que estaba oscuro y no había nadie cerca, Richard saco un cuchillo y le asesinó. Aparentemente, Osiris había vuelto a comunicarse con él y le había dicho que su padre era en realidad el diablo. También debió recomendarle que huyese inmediatamente a Francia para escapar de la justicia. En el viaje de Calais a París, Dadd intentó rebanarle el gaznate a un pobre pasajero que iba con él y que supuestamente era otro de los enemigos de Osiris. Por suerte, el hombre pudo defenderse y Dadd fue arrestado por la policía francesa. Varios meses más tarde, le extraditaron a Inglaterra.

Richard Dadd pasó el resto de su vida encerrado en sanatorios psiquiátricos, primero en Bethlem Hospital de Londres, donde estuvo veinte años, y luego en un hospital de Broadmood, donde fallecería a los 69 años enfermo de tuberculosis. Contra todo pronóstico, fue un paciente tranquilo y pacífico que se pasaba las horas muertas pintando unos pequeños cuadros detallistas y minuciosos, plagados de hadas, duendes, gnomos y demás personajes mágicos.

Richard Dadd, Contradicción: Oberón y Titania (1854-1858), colección particular
Richard Dadd, Contradicción: Oberón y Titania (1854-1858), colección particular

Esta obra, titulada Contradicción: Oberón y Titania, es la que Dadd está pintando en la foto que vimos al principio. Tardó cuatro años en acabarla y se la regaló a su médico, el doctor William Charles Hood. Es una escena de la obra Sueño de una noche de verano de William Shakespeare, el escritor favorito de Dadd. En ella, aparecen Oberón y Titania, los reyes de las hadas, discutiendo por un chico indio que se esconde tras las faldas de ella. Las dos figuras de la derecha podrían ser Teseo e Hipólita, los amantes griegos de la obra, y el que está al lado de Oberón es su criado Puck. El resto del cuadro está completamente abarrotado de personajes mágicos diminutos camuflados entre la vegetación (tendréis que ampliar la imagen para verlos). Realmente, Dadd sabía cómo aprovechar un lienzo.

Su gran obra maestra es The Fairy Feller's Master Stroke (El golpe maestro del leñador de las hadas). A pesar de que es un cuadro bastante pequeño (54 x 39 cm), Dadd estuvo nueve años seguidos trabajando en él y aun así, dejó sin pintar una parte del suelo. Una vez que lo dio por terminado, escribió un largo poema para explicarlo: Elimination of a Picture and its Subject - called The Feller's Master Stroke (1865). Hay que tener en cuenta que Dadd no estaba muy fino y el texto resulta algo confuso pero por lo menos, ha permitido identificar el tema representado y a muchos de los personajes de la obra.

Richard Dadd, El golpe maestro del leñador de las hadas-The Fairy Feller's Master Stroke (1855-1864), Tate Gallery, Londres
Richard Dadd, El golpe maestro del leñador de las hadas (1855-1864), Tate Gallery, Londres

En el centro del cuadro, vemos al leñador del título, con el hacha levantada sobre su cabeza, a punto de dar el golpe maestro que partirá en dos una de las avellanas del suelo. La cáscara servirá para construir un nuevo carruaje a la diminuta reina Mab, descrito por el personaje de Mercutio en Romeo y Julieta:
Her chariot is an empty hazelnut,
Made by the joiner squirrel or old grub,
Time out o' mind the fairies' coachmakers.
And in this state she gallops night by night
Through lovers' brains, and then they dream of love.
(Su carruaje es una cáscara vacía de avellana,
fabricado por la ardilla carpintera o el viejo gorgojo,
inmemorial fabricante de carruajes de hadas.
Y de este modo ella galopa noche tras noche
por el cerebro de los amantes, provocándoles sueños de amor.)
Encontrar a la pequeñísima reina Mab dentro de este cuadro tan abigarrado es una misión no apta para impacientes, y tampoco para cegatos. No os molestéis en ampliar la imagen de arriba para buscarla porque es prácticamente imposible verla, a menos que sepas de antemano donde está. En el centro de la composición, justo encima del leñador, está sentado el "Patriarca" (así es como le llama Dadd), un anciano de barbas blancas con un tocado sospechosamente parecido al del Papa (no creo que fuese casualidad). Tiene la mano derecha levantada para indicarle al leñador cuándo debe asestar el golpe. La reina Mab está sentada dentro de su carro de avellana, en el ala derecha del sombrero del Patriarca. La parte superior de su vestido es de color rojo y lleva una corona en la cabeza. En este detalle, se la ve más o menos bien.

Richard Dadd, El golpe maestro del leñador de las hadas-The Fairy Feller's Master Stroke
Richard Dadd, El golpe maestro del leñador de las hadas (detalle)

A pesar de ser una obra muy compleja, invadida por extraños personajes fantásticos de piel grisácea, la composición es francamente buena. Entre estas figurillas y el espectador, Dadd ha pintado unos cuantos hierbajos que nos excluyen de la escena, separando su mundo del nuestro (como si estuviésemos espiando desde detrás de la vegetación).

Explicar quién es cada uno de los personajes me llevaría demasiado tiempo, así que voy a pasarle el testigo a Freddie Mercury y a su legendario grupo Queen, que en 1974 dedicaron una canción a este cuadro de Richard Dadd: The Fairy Feller's Master Stroke. Cómo última curiosidad, os animo a que busquéis al boticario con su mortero, en la esquina superior derecha del cuadro: un retrato póstumo que hizo Dadd de su padre.

Vídeo de Rien van Nispen

25 de agosto de 2014

La mutilación de Madame Manet

Edgar Degas, Monsieur y Madame Manet (1868-1869), Museo de Arte Municipal de Kitakyushu
Edgar Degas, Monsieur y Madame Manet (1868-1869), Museo de Arte Municipal de Kitakyushu

La historia de este cuadro es bastante curiosa. Es un doble retrato que hizo Edgar Degas de su amigo Édouard Manet y de su esposa Suzanne Leenhoff, de los que hablamos largo y tendido hace no mucho tiempo en esta otra entrada: Léon Köella, el hijo secreto de Manet. Suzanne era una mujer encantadora y una pianista excelente, siempre dispuesta a sentarse al piano para amenizar cualquier velada. Así es precisamente como la pinta Degas, mientras que a Manet le retrata repantingado en un sofá blanco con gesto pensativo, o más bien aburrido de tener que escuchar a su señora aporrear las teclas (según parece el hombre tenía nulo oído musical). Muy orgulloso del resultado, Degas le regaló el retrato a Manet, y éste se lo pagó con un bodegón de ciruelas que a Degas le gustó mucho.

No mucho tiempo después, Degas fue de visita a casa de los Manet y descubrió horrorizado que su amigo había mutilado el cuadro sin ningún miramiento, cortando la figura de Suzanne por la mitad. Degas le pidió explicaciones pero Manet no se las quiso o no se las supo dar, así que enfadado, agarró el cuadro y salió por la puerta sin ni siquiera decir adiós. Cuando llegó a su casa, empaquetó cuidadosamente el bodegón de las ciruelas y se lo envió a Manet acompañado de una breve nota: "Monsieur, je vous renvoie vos Prunes" (Monsieur, le devuelvo sus ciruelas).

Por lo que parece, Manet consideraba que Degas no había pintado a Suzanne lo suficientemente guapa y para compensar a la pobre mujer, la volvió a retratar él mismo tocando el piano. Las dos obras están pintadas en el mismo lugar: la silla en la que está sentada Suzanne es la misma, coinciden los sofás cubiertos con las fundas blancas y en el fondo del cuadro de Degas, aunque abocetado, se intuyen también las líneas doradas de los paneles de la pared. Era el apartamento de la madre de Manet, en la rue de Saint-Pétersburg, donde el matrimonio se había trasladado a vivir en 1866. La verdad es que Suzanne tampoco está especialmente favorecida en el cuadro de Manet (con los años, se había puesto muy jamona y Manet ya no solía retratarla), pero si la obra sobrevivió a la quema, es de suponer que el artista la encontró lo suficientemente buena.

Édouard Manet, Madame Manet al piano (h.1868), Museo d'Orsay, París
Édouard Manet, Madame Manet al piano (h.1868), Museo d'Orsay, París
Suzanne Manet en esa época

Al cabo de un tiempo, cuando se calmaron un poco los ánimos, Degas y Manet hicieron las paces. Degas se ofreció a restaurar el cuadro para devolvérselo a Manet, pintando a Suzanne más mona. Manet le dijo que vale, pero no le devolvió las ciruelas, porque ya las había vendido. El caso es que Degas lo fue dejando y dejando, Manet falleció y en la época en que se hizo esta fotografía, casi treinta años después de la pelea, el cuadro seguía colgado en la pared de su casa, con la pianista aún mutilada (el otro cuadro que se ve abajo es un bodegón de Manet titulado El jamón).

Edgar Degas y Albert Bartholomé (1895-1897)
Edgar Degas y Albert Bartholomé (1895-1897)

Unos años más tarde, Degas decidió ponerse manos a la obra y cosió una franja de lienzo en la derecha del cuadro para repintar a Suzanne, pero volvió a darle pereza y la obra se quedó tal y como la vemos ahora: el testimonio de una bronca monumental entre dos maestros de la pintura francesa.

Nota: la historia del cuadro se conoce gracias a una entrevista que le hizo a Degas mucho tiempo después el galerista Ambroise Vollard, que le preguntó por el lienzo al verlo en su estudio.

20 de agosto de 2014

La casa de Monet en Argenteuil

Claude Monet, El jardín del artista en Argenteuil (1873), National Gallery of Art, Washington
Claude Monet, El jardín del artista en Argenteuil (1873), National Gallery of Art, Washington

No está nada mal, ¿verdad? Es la casita de Argenteuil en la que viveron el pintor Claude Monet, su esposa Camille y su hijo Jean entre diciembre de 1871 y octubre de 1874. La casa en sí no era muy grande, pero tenía un jardín inmenso y estaba casi pegada al Sena, un plus importante para un artista cuyo tema favorito era el agua. El último verano que pasaron allí, Édouard Manet fue a visitarles con mucha frecuencia. La familia de Manet era muy conocida en la zona, ya que tenían una mansión enorme en Gennevilliers, justo al otro lado del río, donde al artista le gustaba pasar las vacaciones. De hecho, fue Manet quien puso en contacto a Monet con la propietaria de la casa, Madame Aubry, una antigua amiga de la familia, que al ver que el chico venía bien recomendado, aceptó alquilársela por tres años.

Claude Monet, La casa del artista en Argenteuil (1873), Art Institute, Chicago
Claude Monet, La casa del artista en Argenteuil (1873), Art Institute, Chicago

Ese verano de 1874, Manet y Monet estuvieron mucho tiempo trabajando juntos. La década anterior, Manet había logrado conmocionar a los parisinos con dos obras revolucionarias: El almuerzo sobre la hierba y Olympia. Desde entonces, los impresionistas le reverenciaban como a un dios. Poder pintar codo a codo con él, era todo un privilegio, pero es que encima, Monet había conseguido convencer a "dios" de que pintase como ellos, utilizando una paleta de colores clara y sacando el caballete al aire libre. Las obras que pintó Manet en Argenteuil durante ese verano son las más impresionistas de toda su carrera. Supongo que el experimento no acabó de convencerle porque al poco tiempo volvió a encerrarse en su estudio (lo de pintar en la calle no iba con él) y regresó a sus tonos más oscuros y contrastados.

Uno de esos días que pasaron juntos, Manet quiso pintar a la familia Monet al completo. Es una escena encantadora en la que el pintor aparece al fondo, como quien no quiere la cosa, cuidando y regando las plantas de su jardín, mientras Camille y Jean posan para Manet sentados en la hierba, muy colocaditos y elegantes. El contraste entre las dos figuras que están posando y las que se han "infiltrado" en el cuadro (Monet, las gallinas y los pollos) es sencillamente genial. Pero lo más gracioso es que ese día también había ido a visitarles Renoir y al ver a la familia ahí colocada, le pidió a Monet pinturas y lienzo, se sentó al lado de Manet e inmortalizó también la escena. El ángulo que utiliza Renoir es ligeramente distinto al de Manet (estaba sentado a su derecha) y se nota que llegó después porque Camille no mira hacia él, sino hacia Manet, que era quien la estaba pintando primero. El niño, menos disciplinado que su madre en estos temas, mira hacia el espectador en las dos obras, como si no tuviese muy claro hacia qué cámara tiene que dirigir sus ojos.

Édouard Manet, La familia Monet en su jardín de Argenteuil (1874), Metropolitan Museum, Nueva York
Édouard Manet, La familia Monet en su jardín de Argenteuil (1874), Metropolitan Museum, Nueva York
Pierre-Auguste Renoir, Madame Manet y su hijo (1874), National Gallery of Art, Washington
Pierre-Auguste Renoir, Madame Manet y su hijo (1874), National Gallery of Art, Washington

Según contó Monet muchos años más tarde, el día que pintaron estos dos cuadros, Manet iba echándole miradas furtivas a Renoir, con el rabillo del ojo. Al cabo de un rato, se levantó discretamente y le dijo a Monet al oído: "¡Este chico no tiene talento! Ya que eres amigo suyo, deberías aconsejarle que dejase la pintura". Seguramente, se lo decía en broma (aunque la verdad es que en este cuadro, Renoir no estaba muy inspirado).

Una de las cosas que más le llamaba la atención a Manet de la casa de su amigo era el taller flotante que tenía amarrado unos pocos metros más allá, a orillas del Sena. Para poder pintar mejor el agua del río y tener más libertad a la hora de escoger perspectivas, Monet encargó que le construyesen un simpático barco con una caseta encima. La idea no era suya, se la había copiado a Charles-François Daubigny, un paisajista de la generación anterior que también tenía uno. Manet le retrató trabajando en este barco-taller, acompañado por Camille, los dos a la sombra del toldo. El estilo de la obra es un tanto extraño porque Manet estaba intantando imitar la forma de pintar de Monet (sin mucho éxito, todo hay que decirlo).

Édouard Manet, Claude Monet pintando en su barco-taller en Argenteuil (1874), Neue Pinakothek, Munich
Édouard Manet, Claude Monet pintando en su barco-taller en Argenteuil (1874), Neue Pinakothek, Munich

A fines de 1874, los Monet se mudaron a otra casa recién construida de la misma calle (el boulevard Saint-Denis), propiedad del carpintero Alexandre-Adonis Flament. Allí vivieron felices y contentos durante otros cuatro años, disfrutando del jardín y del barco-taller, hasta que nació el segundo hijo de la pareja y las cosas se empezaron a complicar... Pero eso mejor lo dejamos para otro día.

Claude Monet, El barco-taller (1874), Kröller-Mullër Museum, Otterlo
Claude Monet, El barco-taller (1874), Kröller-Mullër Museum, Otterlo
Claude Monet, El barco-taller (1876), Barnes Foundation, Merion, Pennsylvania
Claude Monet, El barco-taller (1876), Barnes Foundation, Merion, Pennsylvania



15 de agosto de 2014

Léon Köella, el hijo secreto de Manet

Édouard Manet, Almuerzo en el estudio (1868), Neue Pinakothek, Munich
Édouard Manet, Almuerzo en el estudio (detalle, 1868), Neue Pinakothek, Munich

Este chaval de la foto es Léon Köella, el supuesto hijo de Édouard Manet. Y escribo "supuesto" porque a día de hoy sigue sin poderse demostrar el parentesco entre ambos. Lo que sí es seguro es que el chico posó para muchas de la obras del artista y acabó heredando su fortuna. Pero mejor empecemos por el principio...

La historia comienza en 1849, cuando los padres de Manet contratan a una pianista holandesa de veinte años para dar clase a sus dos hijos mayores, Édouard y Eugène. La joven se llamaba Suzanne Leenhoff y era una mocetona rubicunda, de ojos claros y carácter apacible. Las generosas curvas de la profesora de piano fueron demasiada tentación para un adolescente de diecisiete primaveras con las hormonas alteradas. Antes de que pasase un año, Édouard y Suzanne ya estaban secretamente liados y, a mediados de 1851, ella le anunció que estaba embarazada. El joven Édouard estaba enamorado hasta las cachas de su holandesa, pero era consciente de que no podía casarse con ella. La familia de Manet pertenecía a la alta burguesía y el padre, un reputado juez parisino, jamás habría consentido que su primogénito contrajese matrimonio con una chica de una clase social más baja y para colmo de males, preñada. Angustiado, fue a pedirle ayuda a su madre, que ideó un plan perfecto para que nadie se enterase del desliz, ni siquiera su marido.

Édouard Manet, Retrato de los padres del artista, Auguste y Eugénie Manet (1860), Museo d'Orsay, París
Édouard Manet, Retrato de los padres del artista, Auguste y Eugénie Manet (1860), Museo d'Orsay, París
Édouard Manet, La ninfa sorprendida (retrato de Suzanne Leenhoff, 1861), Museo Nacional de Bellas Artes, Buenos Aires
Édouard Manet, La ninfa sorprendida (retrato de Suzanne Leenhoff, 1861), Museo Nacional de Bellas Artes, Buenos Aires

Avisaron a la madre de Suzanne, que abandonó Holanda para instalarse en París junto a su hija. Cuando nació el niño, el 28 de enero de 1852, le inscribieron en el registro como "Léon-Édouard Köella, hijo de Köella y de Suzanne Leenhoff". Evidentemente, el tal Köella no existía (hay quien dice que era el apellido de soltera de la madre de Suzanne), pero el segundo nombre de la criatura coincidía sospechosamente con el de su supuesto padre. A partir de ese momento, Léon fue presentado en sociedad como el hermano pequeño de Suzanne. Por su parte, Manet seguía viviendo con sus progenitores pero, en cuanto tenía un minuto libre, corría a reunirse con su nueva familia. Un poco lioso, ¿verdad? Pues esto no es nada, porque en 1855, cuando por fin se decidieron a bautizar al niño, Manet se convirtió oficialmente en el padrino de Léon y Suzanne, en su madrina. Así que ahí tenemos a esta pobre criatura, que creció feliz y contento, llamando "mamá" a su abuela, "madrina" o "hermana" a su madre, y "padrino" o "cuñado" a su padre.

Uno de los primeros retratos que hizo Manet de Léon Köella fue Niño con espada. Es un tributo a la obra de Velázquez, uno de los pintores preferidos de Manet. El crío debía tener por entonces nueve años y Manet le pinta como si fuese un paje español del siglo XVII, cargando con la enorme espada de su señor. El cuello blanco y la cabeza rubia del niño destacan poderosamente sobre el fondo ocre y oscuro, típico de la pintura velazqueña. Léon nos mira fijamente, muy serio y con ese rostro impenetrable con el que Manet le retrataría siempre. En ninguno de sus cuadros le veremos sonreir, ni podremos saber qué está pensando.

Édouard Manet, Niño con espada (1861), Metropolitan Museum, Nueva York
Édouard Manet, Niño con espada (1861), Metropolitan Museum, Nueva York

Manet estuvo llevando esta doble vida durante diez largos años, hasta la muerte de su padre en 1862. Una vez liberado de las trabas sociales y con dinero fresco en el bolsillo, pudo casarse al fin con Suzanne, el 28 de octubre de 1863. Y para celebrarlo, pintó el cuadro más horroroso de toda su carrera: La pesca. Está inspirado en una serie de paisajes que pintó Rubens al poco tiempo de casarse con su segunda esposa, Helena Fourment, en su recién adquirido palacete de Heet Steen. En la esquina inferior derecha, Manet se autorretrata junto a Suzanne, los dos vestidos con ropas del siglo XVII, como si fuesen Rubens y su señora. Con un dedo señala a un niño que está pescando en la otra orilla y que no es otro que Léon. La obra está llena de símbolos propios de novela rosa, como el perro (fidelidad), la iglesia (matrimonio), el arcoiris (compromiso) o el paisaje (la nueva vida que se abre ante ellos). Lo más probable es que el título sea un juego de palabras: en francés, pêcher (pesca) y pécher (pecar) se pronuncian casi igual. Es como si el artista hubiese querido purgar sus faltas con esta obra. Los pecadillos pueden perdonarse, pero que pintase esta cosa tan fea, no.

Édouard Manet, La pesca (1862-1863), Metropolitan Museum, Nueva York
Édouard Manet, La pesca (1862-1863), Metropolitan Museum, Nueva York

Lo raro de todo este asunto es que a pesar de casarse con Suzanne, Manet nunca reconoció a Léon como hijo suyo. Para el chico, Manet seguía siendo su padrino y Suzanne, su hermana. Puede que ella no quisiera admitir públicamente ese desliz de juventud, ahora que era una respetada señora burguesa, o quizás no se atrevían a contarle la verdad a Léon para no provocarle una crisis de identidad. Las malas lenguas se inclinan, sin embargo, por una explicación bastante más sórdida: el padre del niño no era en realidad Manet, sino su padre Auguste, el "respetable" juez, que habría tenido un affaire con la profesora de sus hijos. La teoría no se sostiene, más que nada porque parece poco probable que una chica tan sencilla y pacífica como Suzanne pudiese estar compartiendo cama con padre e hijo.

El caso es que el chico siguió viviendo en la ignorancia más absoluta hasta los veinte años, cuando fue a inscribirse para hacer el servicio militar y descubrió horrorizado que su verdadera madre era Suzanne y que su apellido era Köella, en vez de Leenhoff (que era el que siempre había utilizado). Según admitió más adelante, nunca jamás le dijeron quién era su padre, pero tampoco sufría por ello. Suzanne y su "padrino" se desvivían para que disfrutase de una vida cómoda y sin preocupaciones.

Sea como sea, Léon seguía apareciendo periódicamente en los cuadros de Manet, como en Chico haciendo pompas de jabón, una alegoría sobre la fugacidad de la vida que explicamos en un post anterior, o en Joven pelando una pera. Cuando posó para estas dos obras, tenía quince y dieciséis años respectivamente.

Édouard Manet, Chico haciendo pompas de jabón (1867), Fundación Calouste Gulbenkian, Lisboa
Édouard Manet, Chico haciendo pompas de jabón (1867), Fundación Calouste Gulbenkian, Lisboa
Édouard Manet, Joven pelando una pera (1868), Museo Nacional de Estocolmo
Édouard Manet, Joven pelando una pera (1868), Museo Nacional de Estocolmo

El mejor retrato que hizo Manet de Léon Köella, El almuerzo en el estudio, es a la vez una de sus obras más enigmáticas. Nadie sabe bien qué significa y muchos han tratado de buscar en ella claves ocultas que certifiquen la paternidad de Manet (como si fuese una vulgar prueba de ADN). Las figuras de la criada y del hombre con la pipa que aparecen detrás de Léon no se han podido identificar. Algunos piensan que son una representación simbólica de Suzanne y el propio Manet, puesto que en la cafetera de plata que lleva ella se ve una "M" grabada. Yo lo veo un poco cogido por los pelos, la verdad, si bien es cierto que como escena no tiene mucho sentido.

Édouard Manet, El almuerzo en el estudio (1868), Neue Pinakothek, Munich
Édouard Manet, El almuerzo en el estudio (1868), Neue Pinakothek, Munich

¿Qué hacen un yelmo y una espada encima de un sillón? ¿Y ese gato negro, lamiéndose sus partes? ¿Qué paladar exquisito es capaz de tomar café al mismo tiempo que unas ostras? ¿Por qué Léon está sentado sobre la mesa, en vez de estar detrás, preparado para comer? Si prescindiésemos de las figuras, estaríamos ante un típico bodegón del siglo XVII o XVIII, como los de Willem Claeszon Heda (Bodegón con ostras, copa, limón y taza de plata, 1634) o los de Jean-Simeon Chardin (La raya, 1728): el mantel, el cuchillo, las ostras, el limón a medio pelar, el gato, los distintos tipos de copas, vasos y jarras, que permitían al artista lucirse pintando texturas variadas (vidrio, metales, porcelana), e incluso las armas, que también aparecen en muchos bodegones de este tipo. Lo que nos sobra, por tanto, son las figuras. Pero quizás solo están ahí para darle el toque de modernidad a este tema clásico de la pintura, algo que a Manet le encantaba hacer, intentar trasladar una composición pictórica del pasado a la época en la que vivía (como había hecho con Olympia, por ejemplo). Tratar de darle a esta obra un significado oculto, más allá de esto, creo que es buscarle tres pies al gato.

El único documento que nos puede confirmar la paternidad de Manet es su testamento, que escribió de su puño y letra a los cincuenta años, siete meses antes de morir de sífilis. En él, deja claras sus últimas voluntades:
"J’institue Suzanne Leenhoff, ma femme légitime, ma légataire universelle. Elle laissera par testament tout ce que je lui ai laissé à Léon Koëlla, dit Leenhoff, qui m’a donné les soins les plus dévoués ; et je crois que mes frères trouveront ces dispositions toutes naturelles." (Nombro a Suzanne Leenhoff, mi legítima esposa, como mi única heredera. Ella deberá dejar en su testamento todo lo que yo le he dado a Léon Köella, también llamado Leenhoff, que me ha cuidado siempre con el mayor afecto; creo que mis hermanos encontrarán estas disposiciones totalmente naturales.)
 ¿Qué más pruebas hacen falta?

Édouard Manet, Interior en Arcachon. Suzanne y Léon Leenhoff (1871), Clark Art Institute, Williamstown

10 de agosto de 2014

Las ranas y los sapos de la Grenouillère

Cartel publicitario de la Grenouillère, con los horarios del tren de París (1880)

En el verano de 1869, Claude Monet y Pierre-Auguste Renoir estuvieron pintando juntos en la Grenouillère, una de las guinguettes más conocidas del momento. Las guinguettes eran establecimientos al aire libre, normalmente situados a orillas del Sena, en los suburbios de París, donde la gente iba los fines de semana a bailar, comer y emborracharse por muy poco dinero (al estar fuera de la capital, los propietarios se ahorraban un buen pico en impuestos). Gracias a la red de ferrocarriles, los parisinos podían ir a pasar el día a estos lugares, que se pusieron muy de moda en la segunda mitad del siglo XIX.

La ubicación de la Grenouillère era privilegiada. Estaba en Croissy-sur-Seine, una isla situada en medio del Sena, al noroeste de París. Antes de que se abriese el establecimiento, la isla ya se había convertido en un lugar habitual de baño y ocio. Los de por allí la llamaban la "Madagascar del Sena" por su espesa vegetación y por el carácter algo salvaje de sus visitantes, que tenían la sana costumbre de bañarse en cueros. El ambiente debía ser tan erótico-festivo que en 1852, las autoridades emitieron un edicto que obligaba a utilizar traje de baño (algo que nunca se respetó del todo).

Ese fue precisamente el año en que François Severin inauguró la Grenouillère, el único bar de la isla. Además de esa licencia, Severin, que era un tipo avispado, había conseguido una concesión para transportar a los viajeros desde las estaciones de tren de ambas orillas del Sena (Chatou-Croissy y Ruel-Malmaison) hasta la isla, con parada obligatoria en su establecimiento. Cuando unos años más tarde se construyeron dos puentes para facilitar el acceso a la isla, a Severín ya le salían los clientes por las orejas. Las instalaciones de la Grenouillère consistían en un enorme salón de baile-restaurante, construido sobre un malecón flotante, una hilera de casetas para los bañistas y un puesto de alquiler de botes (el remo era el deporte de moda). Todos los jueves por la noche, había baile.

Paul Destez y Adolphe Gusman, El baile del jueves por la noche en la Grenouillère (1885)

En aquella época, las zonas de baño de hombres y mujeres estaban siempre convenientemente separadas, para evitar miradas indiscretas y roces disimulados. La Grenouillère era el único establecimiento de los alrededores de París en que estaban permitidos los baños mixtos, un importante incentivo a la hora de atraer público, aunque solo fuese para ver chicas en traje de baño. La traducción literal de grenouillère sería "estanque de ranas". Sin embargo, en el argot francés, la palabra grenouille (rana) también se utilizaba para designar a las chicas del demi-monde parisino: mujeres atractivas, sin ataduras, dispuestas a pasárselo en grande, que cambiaban de amante como de chaqueta y que se tomaban a pitorreo las habladurías de la gente. La Grenouillère estaba llena de "ranas" y "sapos" que se bañaban juntos y revueltos en las aguas del Sena, bebían como cosacos y bailaban hasta caer exhaustos. Pero también estaba plagada de aristócratas, burgueses, obreros, escritores, artistas, costureras... A la Grenouillère podía ir cualquiera. De hecho, en agosto de 1869 recibieron la visita del emperador Napoleón III y su esposa Eugenia de Montijo, que también se sintieron atraídos por la fama del local.

Anthony Morlon, Ah! La belle tête (plataforma junto al lateral del café flotante)
Edouard Riou, La Grenouillère (el café flotante a la izquierda y la zona de casetas de baño a la derecha)

Ahora que ya sabemos cómo era la Grenouillère, volvamos a nuestros amigos los impresionistas, que inmortalizaron el lugar en 1869. Por aquel entonces, los padres de Renoir vivían relativamente cerca de allí (a una hora caminando por la orilla del Sena). Su hijo iba a visitarles a menudo, para desconectar de París y para alimentarse decentemente, puesto que la urbe vivía casi en la miseria. Por su parte Monet, que era todavía más pobre que Renoir, había tenido que mudarse con su compañera Camille y su hijo a Bougival, donde los alquileres eran bastante más baratos. Muchos días, después de comer, Renoir se acercaba andando hasta su casa para llevarles la comida que había sobrado de la mesa de sus padres.

Pierre-Auguste Renoir, Bañistas en el Sena o La Grenouillère (1868), Museo Pushkin, Moscú

Renoir ya había pintado la Grenouillère el año anterior, en un cuadro que actualmente se exhibe en el Museo Pushkin de Moscú. Así que podemos suponer que fue él quien arrastró a Monet hasta la isla de Croissy. La Grenouillère el tema perfecto para los impresionistas, una combinación alegre y despreocupada de naturaleza y vida moderna. Renoir y Monet plantaron sus caballetes en la orilla del Sena, uno junto al otro, y pintaron exactamente la misma escena.

Esa especie de islote con árbol que vemos en el centro de los dos cuadros era uno de los elementos más característicos de la Grenouillère (si os fijáis, aparece en casi todos los grabados y caricaturas que se conservan). Estaba unido a la orilla del río y al café flotante mediante pasarelas y casi todos lo llamaban el Camembert, por su forma circular, aunque los más finos preferían decir Pot à fleurs (maceta de flores). Justo a la derecha, está el puesto de alquiler de botes, de cuya barandilla cuelga una chaqueta blanca. Sabemos que los dos cuadros se pintaron a la vez porque la luz es similar, con la zona de las barcas y el Camembert a la sombra y el fondo iluminado por un sol intenso (se ve mejor en la versión de Monet). Comparando ambos lienzos, podemos apreciar las diferencias de estilo entre uno y otro artista. Mientras que Renoir le da más preminencia a las figuras humanas, Manet parece centrarse más en el paisaje, con esos espectaculares reflejos en el agua.

Claude Monet, La Grenouillère (1869), Metropolitan Museum, Nueva York
Pierre-Auguste Renoir, La Grenouillère (1869), Museo Nacional de Estocolmo

Una vez que acabaron estos dos cuadros, movieron un poco los caballetes y pintaron otra vista, continuación de la anterior (en la versión de Renoir, se sigue viendo el Camembert). La pasarela que aparecía en el primer cuadro a la izquierda, forma aquí el eje horizontal de ambas composiciones, con una serie de barcas en primer término y los bañistas nadando al fondo. Al igual que ocurría antes, el lienzo de Renoir está mucho más lleno de gente y sus figuras no están tan abocetadas.

Claude Monet, La Grenouillère (1869), National Gallery, Londres
Pierre-Auguste Renoir, La Grenouillère (1869), Colección Oskar Reinhart, Winterthur

Lo importante de estas cuatro obras, que hoy nos parecen el sumun del impresionismo, es que son muy tempranas. De hecho, se pintaron cuando el impresionismo aún no existía. La primera exposición del grupo, que es la que marca el inicio de este nuevo estilo, se celebraría en París en 1874, cinco años más tarde. Cuando Monet y Renoir hicieron estos cuadros, los impresionistas aún no habían empezado a pintar así. Aunque le daban mucha importancia a la pintura al aire libre, sus composiciones eran todavía bastante elaboradas, sin la espontaneidad e inmediatez que vemos aquí. Para Monet, estos dos cuadros no eran más que un par de estudios que le servirían como base para crear una obra más trabajada y definida. En una carta que le escribe a su amigo Bazille, el 25 de septiembre de ese año, dice:
J'ai bien un rêve, un tableau, les bains de la Grenouillère pour lequel j'ai fait quelques mauvaises pochades, mais c'est un rêve. Renoir, qui vient de passer deux mois ici, veut faire aussi cet tableau. (Tengo un sueño, una pintura, los baños de la Grenouillère, para los que hice unos malos bocetos, pero es un sueño. Renoir, que ha pasado dos meses aquí, también quiere pintar este cuadro.)
Se cree que el cuadro al que se refiere Monet es un lienzo que estaba en la colección Arnhold de Berlín, pero que hoy está desaparecido (probablemente fue destruido). En la fotografía que se conserva, podemos ver que la obra final incluía parte de los dos bocetos que pintó in situ, a los que luego añadió unos vistosos veleros.

Claude Monet, La Grenouillere (1869), colección Arnhold, actualmente desaparecido.

Aunque Monet consideraba que estos bocetos eran una birria (no sabemos lo que opinaba Renoir de los suyos), hoy en día son dos obras clave del impresionismo. Y es que el artista, en ese momento, no podía sospechar que su estilo acabaría derivando en obras como estas, pintadas en el momento, rápidamente, sin una composición previa. Para él solo eran estudios, pero para nosotros constituyen un preludio de los cuadros que vendrían luego.

Para acabar, os dejo con algunas imágenes más de la Grenouillère y sus gentes. Si alguno va a París, que no se moleste en buscar el sitio. En 1889, las instalaciones fueron destruidas por un incendio. Intentaron reconstruirlo al año siguiente, utilizando los restos del pabellón sueco de la Exposición universal, pero ya no tuvo el mismo éxito y desapareció definitivamente a finales de los años veinte.

Miranda, La Grenouillère (con el Camembert, el café flotante y el puesto de alquiler de botes)
Ferdinand Lunel, La Grenouillère (interior del café flotante)
Crafty yVictor Geruzez, Paris dans l'eau. La Grenouillère (1868)
Le monde illustré, noticia del incendio de la Grenouillère (2 noviembre 1889)

Fotografía del Camembert (posterior al incendio)